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viernes, 28 de febrero de 2014
miércoles, 19 de febrero de 2014
martes, 18 de febrero de 2014
La Palabra: RESIGNACIÓN
La Palabra: RESIGNACIÓN: Escrito por: Ing. Ricardo Mancilla Rangel Hubo un hombre llamado Galileo Galilei, dedicado al estudio, a horas encerrado, viendo astro...
RESIGNACIÓN
Escrito por: Ing. Ricardo Mancilla Rangel
Hubo un hombre llamado
Galileo Galilei, dedicado al estudio, a horas encerrado, viendo astros, sacando
las conclusiones de su observación, que descubrió que la tierra no estaba en el
centro del universo, que se movía y por tanto era el sol el que ocupaba el
centro y en torno al cual los planetas y entre ellos, la tierra, giraban, aquel
descubrimiento se enfrento a la verdad institucionalizada, el vaticano, la
iglesia, las creencia populares del momento, y la insistencia en el
mantenimiento de lo que él había descubierto le costó ir a juicio, y haciendo frente
a la acusación como podía el pensar que se había equivocado Aristóteles, como
podía pensar el que las sagradas escrituras mentían, como podía atreverse el, un ingenuo sabio, a pensar que
había descubierto algo que fuese en contra de lo que el magisterio y la santa
madre iglesia venían diciendo desde hace siglos y sobre todo es que acaso el
pueblo no aclamaba contra aquel que se atrevía a poner en duda la centralidad del
planeta tierra.
Las presiones son
tremendas, tiene casi que adjurar, pero en un momento en la rebeldía ultima y
musitando casi con una sonrisa, a los Saramago del momento, suave pero firme,
dice en el italiano natal “eppure si muove” y sin embargo se mueve, porque los cálculos
matemáticos, porque las observaciones, porque
el ejercicio de la razón, porque lo que sus ojos estaban viendo noche tras
noche le estaban demostrando que era la tierra la que se movía.
Pues bien estamos hoy
en el México del 2014 y en el mundo, en un momento en el que en otras ocasiones
de la historia las sociedades han tenido que escoger un camino u otro, o seguir
en la resignación o plantar carácter, la rebeldía dicha por muchos actores
actuales de la sociedad.
La resignación, es un producto, que como cualquier droga, duerme a la
gente, duerme su conciencia, la resignación es como la morfina, la cocaína o la
heroína, la resignación es producto de
muchas causas.
Yo
voy a enumerar unas cuantas, la resignación es hija de ese
discurso totalizador cual si fuese una nueva religión, no hay mas verdad que la
competitividad, no hay mas santos ni más poderes que los mercados, la economía tiene que crecer constantemente,
no importa que se contaminen las aguas, que se contaminen los ríos, los mares o
los aires, competitividad, crecimiento sostenido y los mercados, eso es lo único que importa, su poder no puede ser cuestionado,
y además, nos demuestra a las propias sociedades, que esto es lo que produce
bienestar, y no importa que las personas de la calle vean que ese bienestar no
ha llegado al hijo o a la hija que tiene que ir a la empresa donde trabaja y le
cuesta el 40% de su salario llevarlo a su trabajo y de vuelta a casa, no
importa quienes tienen una pensión que no llega al salario mínimo profesional o
que recibe la mitad de eso y a veces ni siquiera llega a ese nivel mínimo,
sobreviviendo con una ridícula cantidad de esa pensión a pesar de que
entregaron su vida al servicio, no importa el paro que cardiaco que sufrió
aquel que apenas entraba en los 45 años de edad, no importa que la mujer que
cumple como madre y esposa pero que
además tiene que trabajar, no cobra lo mismo igual que el hombre, a pesar
de hacer la misma tarea y a veces más y mejor,
todo, violando artículos enteros de las leyes que nos rigen, de las naciones
unidas, de la declaración universal de
los derechos humanos y de la carta magna, nuestra propia constitución Mexicana,
NO IMPORTA, porque le están diciendo que no hay más bien que la competitividad,
lo bien que vivimos, lo bien que vamos, los datos, la cifras, no importa que la
gente vea o quiera ver en su entorno y a su alrededor hechos que están
contradiciendo ese mensaje, porque para que no se vea o para que sea menos
hiriente hay sucedáneos, ahí tienen la
televisión, futbol, mucho futbol, mas futbol local, nacional, europeo,
internacional, etc. etc. más que en épocas anteriores de toda la historia de
México, ahí tienen concursos degradantes que no alimentan la razón, el estudio,
el análisis o la cultura, ahí tienen la vida de los personajes populares que se
diseccionan y se abren para que atisbemos como si fuéramos aves carroñeras y
olvidando el entorno que tenemos entremos en
lo que ocurre en sus alcobas; Paty Chapoy, señorita Laura, Roció Sánchez
Azuara y muchos otros programas basura, ahí está toda una literatura de evasión
para que la gente lo vea, lo vea y por tanto confunda su existencia real con la existencia que le ponen
en las pantallas o en los noticieros para que ocurra como aquello que tantas
veces digo de la viejecita que a finales del siglo XIX estaba vendiendo cerillos
a la puerta del palacio de Bellas Artes en un mes de enero a las doce de la noche
temblando de frio, envuelta en una
cobija vendiendo sus cerillos para poder subsistir y cuando salían de la
funsión hombres y mujeres oliendo a
perfume caro, envueltos en abrigos de mink, con capas, con lujo, zapatos de
charol y con relucientes joyas de gran valor, decía la “viejecita”, que bien vivimos en México.
Un caso de alineación,
un caso de suplantación, un caso….de… drogadicción, la imagen, lo bien que
vivimos, las historias de alcoba, las revistas del corazón las frivolidades que
hacen olvidar lo que ocurre diariamente o si se ve, se deba a otra categoría
como si no fuese lo real. México se esta convirtiendo en un país donde a todos
les molesta que se hable de política y terminan refugiándose en las telenovelas
o en la fantasía, a eso les digo, rueguen porque la realidad no los
alcance.
Resignación además
porque el discurso oficial que baja desde
muchos siglos, baja desde los poderes públicos, baja desde las
sentencias de los tribunales, desde las cátedras, desde las clases de ese
maestro de escuela que va inyectando ya determinadas ideas, baja desde la
televisión y de los medios de comunicación, el discurso de que no hay otra
salida, esto es lo único posible y si
no, fíjense, estamos mal pero peor estábamos en la década perdida de los 80s. o
el argumento tan trillado de que peor nos fue con el “PMM” el partido de la
mitad de en medio, y cuando se acude a los males pasados o de otros es porque
no se tienen razones y la única salida fatua a por falta de razón o
entendimiento y convencida de su superioridad con respecto a los demás solo les
queda la salida de exhibir, mira que
malos fueron aquellos tiempos porque es la única justificación, la comparación
de los males.
Resignación, porque los
pueblos cuando tiene problemas, no son rebeldes, el que tiene que comer todos
los días no puede permitirse el lujo de
perder por un acto de rebeldía el puesto de trabajo, la rebeldía siempre ha
surgido de aquellos que comían todos los días, de aquí, la gran culpabilidad de
los muchos intelectuales mexicanos que comiendo todos los días, bien del
pesebre o bien de su trabajo, no han sido capaces de decir basta a esta
situación de degradación y de abuso de
quieres gobiernan al país. De ahí, una resignación que nace de la evidencia
diaria, del paro que es cierto, de ese paro que dicen que se reduce porque la
estadística dice que cuando una persona trabaja dos horas a la semana ya no está
parado, una disminución estadística, de los empleos temporales o de tiempo
parcial, de las horas extras que se imponen pero que no se cobran muy en
especial las administraciones de gobierno, de la angustia si mañana podre
trabajar, eso es resignación, resignación que cae sobre un pueblo que se da
cuenta de mas, o no se da cuenta porque
no le gusta, no quiere verlo o que no dejan verlo que esta mas yendo hacia a
tras, que estamos llegando a cotas propias del siglo XIX, que aquella seguridad
social para todos que el tema del subsidio al empleo es selectivo para
favorecer a quien votan por un determinado
partido y va bajando y va degradándose en contra de la declaración de
los derechos humanos o de la propia constitución, resignación que surge… de la
culpabilidad, del propio hombre, uno de los éxitos entre comillas del sistema
americano es conseguir, que el pobre, que el miserable, se sienta culpable, de
su situación, es la filosofía progresista hija del protestantismo, tu eres
culpable de tu situación, no has sido capaz de triunfar, esa es la filosofía de
la sociedad americana, y si no has triunfado es porque tú eres el responsable,
esta sociedad da oportunidades a todo el mundo, si tú no has podido hacerlo
así, tu eres el culpable y entonces el oprimido, el pobre, el esclavo, se echa
la responsabilidad de su situación, es perfecto el dominio de poder, un dominio
del poder que ya no se basa en la fuerza, en la coacción, en la utilización de
la policía o del ejercito, se basa en un dominio mucha más terrible, más duro,
el dominio de la mente, ese opio que cae
desde los aparatos de televisión, ese opio que cae desde la sentencia desde los
tribunales y deja libres a extranjeras dedicadas al secuestro, actos que matan
la esperanza de justicia de la sociedad, dominio desde los discursos políticos
que va empapando la mentalidad de la gente y va diciendo calla, calla, calla,
porque si no callas puede ser peor , esa es la resignación que se produce como
consecuencia de sentirse ese ciudadano que él, es el autor de su situación y
por tanto aquel compañero que ha sido acusado de que cobro alguna vez
indebidamente el seguro de desempleo, “ha
miserable tu eres el culpable” no importa que los ladrones de traje y altos
tacones conocidos como legisladores sean exhibidos como figuras brillantes que
con habilidad ponen ligas a los fajos de billetes y sirvan para enseñarle a los
hijos como ejemplo a seguir, pero el miserable que cobro el seguro de desempleo
solamente un mes indebidamente para comer él y su familia, es el culpable de
todo lo que está ocurriendo, eso es resignación.
Resignación que
surge de los medios de comunicación y no
se enfaden los 400 periodistas que cobran en el gobierno del estado de B.C.S. ustedes y su conciencia saben son parte de la
inducción de esa resignación, pues no va
par ustedes, va con los que tienen poder en nuestras instituciones , va contra
aquellos que optan por decirle al pueblo una parte de la verdad, resignación
que consiste en dar un credo único, decir todos amen a la competitividad, a la
moneda pujante y solida, estamos todos pujantes, mejor que nuca, amen amen
amen, es el coro como una letanía que va deformando el pensamiento que va
haciendo seres totalmente iguales, como describía lo que podía ser el futuro George
Orwell en 1984 seudónimo de Eric Arthur Blair quien afirmaba que “el lenguaje político estaba diseñado para
que las mentiras parezcan” verdades, el asesinato de la conciencia como una
acción respetable y para dar al viento apariencia de solidez” y concluye diciendo
que “El pensamiento corrompe el lenguaje y el lenguaje también puede
corromper el pensamiento”.
¿Conocen
el síndrome de la Rana hervida? En ese caso estamos
los mexicanos estamos, Olivier Clerc,
especialista en bienestar y desarrollo personal nacido en Ginebra y
afincado hoy en Borgoña, escribió en el año 2005 un libro titulado “La rana que
no sabía que estaba hervida… y otras lecciones de vida”. Entre las historias
que plantea, una lleva el título del libro. Y a ella me voy a referir:
Imaginen una cazuela
llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana, se está
calentando la cazuela a fuego lento, Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable,
y sigue nadando, la temperatura empieza a subir, Ahora el agua está caliente, un
poco más de lo que suele gustarle a la rana, pero no se inquieta y además el
calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia, ahora el agua está
caliente de verdad, si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el
agua a cincuenta grados, se habría puesto a salvo de un enérgico salto.
Este “es un experimento rico en
enseñanzas, dice el autor. Nos demuestra que un deterioro, si es muy lento,
pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición,
ni rebeldía”. Si nos fijamos en lo que está sucediendo en nuestra sociedad
en las últimas décadas, estamos experimentando una lenta deriva a la que nos
vamos acostumbrando, una gran cantidad de cosas que nos habrían horrorizado
hace 10, 15 o 20 años, fueron poco a poco banalizándose y suavemente
perturbándonos hasta hoy, pero nos dejan indiferentes a la mayoría de la gente,
en nombre del progreso y de la ciencia, las
peores violaciones de la libertad individual, la dignidad, la integridad de la
naturaleza, la belleza y la alegría de vivir,
se afectan lenta e inexorablemente con la complicidad constante de las víctimas, ignorantes o despojadas, los negros cuadros anunciados para el futuro en lugar de suscitar reacciones y medidas preventivas, sólo preparan psicológicamente el pueblo para aceptar condiciones decadentes, de vida dramáticas y quienes no caemos en esa condición decadente y nos negamos a aceptar mentiras reconfortantes en lugar de verdades incomodas nos llega a hacer falta mucha fantasía para aceptar tanta realidad.
se afectan lenta e inexorablemente con la complicidad constante de las víctimas, ignorantes o despojadas, los negros cuadros anunciados para el futuro en lugar de suscitar reacciones y medidas preventivas, sólo preparan psicológicamente el pueblo para aceptar condiciones decadentes, de vida dramáticas y quienes no caemos en esa condición decadente y nos negamos a aceptar mentiras reconfortantes en lugar de verdades incomodas nos llega a hacer falta mucha fantasía para aceptar tanta realidad.
El bombardeo permanente "políticamente correcto" de informaciones por parte de
los medios de comunicación, saturan los cerebros, que ya no pueden dar sentido
a las cosas, los mexicanos tienen que reaccionar y darse cuenta que su vida
está en el punto de la rana medio cocida, es tiempo de pegar el salto y salir de la cazuela
antes de que sea demasiado tarde.
Este
ejemplo de la rana es lo que denunciaba San Agustín (430 dp. JC) y decía asi:
A fuerza de verlo todo, se
termina por soportarlo todo ...
A fuerza de soportarlo todo, se
termina por tolerarlo todo...
A fuerza de tolerarlo todo,
terminas aceptándolo todo ...
A fuerza de aceptarlo todo, lo
aprobamos todo
Finalmente
aprobarlo todo se llama resignación
Esa resignación por
tanto es hija de una economía, de un sistema político que confunde muchas
cosas, una información que está siendo surgida en nuestros jóvenes
universitarios, en nuestros institutos, en nuestras academias, en las
universidades, en las escuelas básicas la cultura del sí o no, propia del ordenador,
la vida está llena de colores de tonos y por tanto el lenguaje es mucho más
vivo cuanto más cosas que hay que ser descritas, si o no, blanco o negro,
derecha o izquierda, conteste usted como el ordenar, afirmativo, negativo,
afirmativo, negativo, se busca ya, no el ser humano pensante capas de la
reflexión de la duda o la inquietud, se busca al esclavo sin pensamiento y por
eso no se quiere la historia, y por eso se desdeña la memoria porque los seres
humanos somos hijos de la memoria, yo soy lo que soy porque viví con mis
padres, mis recuerdos, mi historia, mi vivencia, yo soy la actualización de un todo
de un pasado que está vivo, si me quitan la memoria soy un zombi, un muerto
viviente, y queremos pueblos de muertos vivientes que se estimulen por el
último partido del América chivas, que se estimulen por la ultima historia de
tal o cual príncipe o peor aun de la vida de tal o cual artista prefabricado en
los programas de concurso denigrantes que están de moda, que digan incluso en
los pasillos en los parlamentos, en las
cámaras de los legisladores y en los lugares que habría de debatirse los
problemas, se cuenten chistes de la vida privada de otros para olvidar la
tremenda realidad, eso es escapismo, droga, igual que la heroína, igual que la
cocaína, droga escapismo, segar el pensamiento, aniquilar el espíritu crítico y
por lo tanto fomentar la resignación y la frivolidad, mucha frivolidad, la
política entendida como compra venta de votos, no importa; ¿¿que es lo que quiere el pueblo ??, al pueblo, al cual
convenientemente se le va a decir lo que quiere, a través de determinados
medios, mas futbol más futbol, pero es que yo pienso que no , pero es que tú
tienes que decir lo que le gusta al pueblo, al cual yo, mediante medios de
comunicación finísimos le voy diciendo que es
lo que le conviene, pero yo represento un proyecto, yo quiero dirigir a
mi pueblo del cual formo parte y decirle el punto de vista de nuestra
organización, NO, NO, NO lo que
conviene es que ganes votos, eso no está bien dicho, tienes que ser respetable,
tienes que hablar con el estilo políticamente correcto, el buen tono como el
niño de la burguesía del siglo XIX, niño eso no se hace, eso no se dice, todo
hazla bajo la mesa pero que todo permanezca como si aquí no ocurriera nada, es decir
la cultura de la hipocresía de la simulación, crear una sociedad hipócrita que
miente a sabiendas, que sabe que está diciendo algo que nadie cree, pero lo
importante no es decirlo, lo importante es que hay que hacerlo pero que no se diga,
y ese cáncer va a avanzando, degradando, corrompiendo y aniquilando las fuerzas
para combatir, al extremo de generar un país donde los estudiosos de las leyes
y por ende los encargados de su aplicación no necesitan de mucha
jurisprudencia, sino influencia y mañas para resolver los asuntos judiciales
atentando contra la paz, la justicia y la libertad de todos precipitándonos en
un abismo, hundiéndonos irremediablemente en la RESIGNACIÓN llenos de miedos y
de temores como si los inquisidores todavía existieran, aquellos que perseguían
a intelectuales cuyos pensamientos atacaban
de una u otra forma el abuso de los gobernantes y en su poder estaba confiscar
bienes, castigar a los reos, multarlos o quemarlos vivos y esos inquisidores de
la actualidad o de la modernidad que nos acosan y nos aniquilan lentamente, sufren, pues viven en un ambiente en donde ser idiota no es fácil pues
hay mucha competencia.
A propósito de quemar vivos por que hacienda en
lugar de publicar una lista de deudores, no cuelga, fusila, sienta en la silla
eléctrica, mete en la cámara de gases o incinera
vivos a todos esos empresarios que tienen hundido al país con sus deuda de
impuestos tales como:
Germán Larrea Mota
Velasco, hombre Forbes del Grupo México, el mismo de Pasta de Conchos, Cananea
que adeuda al fisco 11 mil 183.3 millones de pesos; al Grupo Modelo, la
cervecera nacional con mayores exportaciones del vital líquido, le debe al SAT
8 mil 222.37 millones de pesos; COCA-COLA Femsa tiene una deuda al fisco por
impuestos de dos mil 205.12 millones; BACHOCO –el de los huevos del ex
gobernador de Sonora– adeuda mil 868.93 millones; TELEVISA (exentada
fiscalmente en la ley de ingresos 2010 para que participe a gusto en su nuevo
negocio de fibra óptica) debe al fisco 2 mil 284.4 millones de pesos; TV AZTECA
debe 254.23 millones, pero si se incorpora el negocio de los abonos chiquitos,
Elektra, entonces el saldo fiscal crece a 3 mil 365 millones; Industrias
Peñoles y Grupo Palacio de Hierro (ambos propiedad de Alberto Bailleres, otro
de los Forbes mexicanos) conjuntamente adeudan al fisco 6 mil 124.14 millones;
ICA (el consorcio beneficiario de las concesiones carreteras salinistas, el
rescate zedillista y las nuevas concesiones calderonistas) adeuda 2 mil 351
millones de pesos; El Grupo Posadas adeuda mil 373.96 millones; WAL-MART, la explotadora de mano de obra
infantil por excelencia, debe al fisco 5 mil 252 millones de pesos; SORIANA
(que no hace mucho se quedó con la cadena Gigante ) adeuda 7 mil 508.94 millones;
Liverpool debe 3 mil 977.7 millones de pesos;
KIMBERLY (presidida por Claudio X. González Laporte, el mismo que
propuso un impuesto de 3 o 4 por ciento a medicinas y alimentos, y que destacó
la urgencia y necesidad de que los mexicanos pagaran más impuestos) adeuda al
fisco mil 869 millones; Grupo Industrial
BIMBO (de la siempre pía familia Servitje, la cual tiene para financiar
campañas electorales, pero no para pagar sus obligaciones fiscales) debe mil
848.4 millones de pesos por impuestos; Grupo ALFA de Monterrey no ha pagado 3
mil 809.6 millones; El Grupo Aeroportuario del Centro-Norte debe mil 128.73 ;
REALTUR, propiedad de Olegario Vázquez Raña –el favorito de la feliz pareja
Vicente Fox-Marta Sahagún–, no ha pagado mil 302.24 millones; Enrique COPPEL
LUKEN, fue uno de los promotores del voto a favor de Calderón, al cierre del
tercer trimestre de 2009 esta democrática cadena de supermercados adeuda al
fisco 3 mil 915.2 millones; Altos Hornos de México, una paraestatal privatizada
por el salinato (1991), presidida por Alonso Ancira, pariente político de
Cecilia Occelli –ex esposa de Carlos Salinas– adeuda al fisco 6 mil 666
millones; Grupo SIMEC, dedicado a la fabricación de productos de acero que
preside Rufino Vigil González, con un adeudo al fisco por 4 mil 218.85
millones; Consorcio ARA, presidido por Germán Ahumada Russek, adeuda al fisco
mil 877.3 millones; Corporación GEO, encabezada por Luis Orvañanos Lascurain,
adeuda 3 mil 305.53 millones; Grupo GICSA, a cargo de Elías Cababie Daniel,
adeuda mil 60 millones; SARE, de Dionisio Sánchez Carbajal, adeuda 829
millones; HOMEX, que tiene al frente a Eustaquio Tomás de Nicolás Gutiérrez,
adeuda 4 mil 631.96 millones; URBI Desarrollos Urbanos, con Cuauhtémoc Pérez
Román en primer plano, adeuda 4 mil 506.8 millones; Grupo Cementos de Chihuahua,
subsidiaria de Cemex, que preside Federico Terrazas Torres, con un adeudo de
mil 525.7 millones; Corporación Moctezuma, con Enrico Buzzi a la cabeza, adeuda
825 millones; Grupo LAMOSA, a cargo de Federico Toussaint Elosúa, adeuda 712.5
millones; Internacional de Cerámica, de Óscar Almeida Chabré, adeuda 490
millones; Embotelladoras ARCA (COCA COLA), que preside Manuel L. Barragán
Morales, adeuda mil 855.86 millones; Grupo Continental, con Cynthia H. Grossman
a la cabeza, adeudan 596.46 millones; Grupo
Embotelladoras Unidas, a cargo de Juan Gallardo Thurlow, adeuda 408 millones;
Grupo Aeroportuario del Sureste, con Fernando Chico Pardo a la cabeza, adeuda 2
mil 7.13 millones; Grupo Aeroportuario
Centro-Norte, de Bernardo Quintana Isaac (también presidente de ICA, otra
deudora), con mil 129.73 millones;
Corporación Durango, de Miguel Rincón Arredondo, adeuda 2 mil 443.65
millones; Grupo Gigante, de Ángel Lozada, adeuda mil 575.99 millones; Sears, de
Carlos Slim que México presume como uno de los hombres los más ricos del mundo,
adeuda mil 531.58 millones; 42.-
Ferromex, un negocio más de Germán Larrea, adeuda 755.8 millones y Mexichem, del ex presidente de los banqueros
Antonio del Valle Ruiz, adeuda mil 227.9 millones.
TOTAL 214,665,040,000.00
pesos (DOSCIENTOS CATORCE MIL MILLONES) Con esto se acabarían todos los
problemas de pobreza en nuestro país.
QUE CINISMO DE NUESTROS GOBERNANTES!!! Y TODAVIA QUIEREN QUE PAGUEMOS
MAS IMPUESTOS???? si este dinero fuera recaudado de todas estas empresa y repartido
entre cada mexicano, no entre cada familia, sino entre cada mexicano, nos
tocaría a cada uno 1,951 millones de pesos.
Regresando a la
resignación, ese es un camino, sin
duda dulce, es la muerte lenta, como se consume un brasero, como van muriendo
aquellos que beben la cicuta, muerte que le dieron al gran Sócrates por haber
expresado sus ideas en contra de la
creencia de los dioses ancestrales, les va durmiendo lenta y paulatinamente
todo el organismo y se muere uno con la sonrisa en los labios, “pero muere”.
Como ejemplo de cómo
nos adormecen solo hay que poner un poco de atención a los mensajes tan
alegóricos que hace el presidente cuando ha anunciado que “este año habrá una mejora significativa de nuestra situación
económica cuyo horizonte será el 2014”,
pues bien, si acudimos al diccionario la definición de la palabra horizonte
podemos leer que es…. LINEA IMAGINARIA QUE SE ALEJA POCO A POCO A MEDIDA QUE
AVANZAMOS y efectivamente parece que se confirma, pero nos lo dice como si
fuera la solución de nuestros males y la salida de esta situación de raquítica
economía y desempleo que priva y día a día se agudiza.
Y el otro camino es lo que han dicho algunos mexicanos en Michoacán, REBELDÍA,
aun reconociendo que las armas no es lo más adecuado, pero no les dejaron otro
camino, pero la rebeldía no es un gesto altisonante, no es un grito, no es un
insulto, no es una pedrada o una mala contestación, es mucho más profundo, la
rebeldía es un grito de la inteligencia, de la voluntad que dice y dicho en el
lenguaje más común, no me da la gana de decirle que si a esta actual situación,
porque, porque no quiero y me niego a decirle que sí, porque entiendo que puede
haber otra situación y por lo tanto yo no asumo esta probedumbre y no participo
en ella y lucho contra ella, y esta actitud es una actitud intelectual y cuando
digo intelectual no quiero hablar de universitario, de la mente de cualquier
ser humano, es un posicionamiento que nace de la mente y del corazón, de fuego
del querer cambiar, esta es la rebeldía fundamental, lo otro son voces, son
chillidos, son insultos, son graznidos, semejanza a la talla del circo romano, no, no , no la
rebeldía no es ni más ni menos que el posicionamiento con otros valores y la
decisión de hacerles frente, rebeldía para decir que no aceptamos que la
competitividad y el mercado sean los que rijan los destinos de las sociedades,
que entendemos que hay una declaración universal de derechos humanos que tiene
que cumplirse y que eso significa sociedad de pleno empleo, donde el hombre y
la mujer sean exactamente iguales, donde no haya marginados y que costara mucho
tiempo y mucho sacrificio, pero es hermoso luchar, incluso morir por eso,
porque morir , tenemos que morir, muramos por lo menos luchando por un ideal
noble y no consumiéndonos como un brasero.
Y significa, esa
rebeldía fundacional en cuanto a identidad humana, significa defender con esa
suave ironía, con esa tranquilidad que el maestro Carlos Mosivaís hacia, porque
era una gloria verlo contestar a los periodistas con esa suave ironía, con esa
tremenda dureza de fondo pero flexibilidad en el lenguaje, significa defender
que hay valores que deben ser
mantenidos, el hermoso valor de la igualdad, como decía uno “la sangre
es roja” y todos la tenemos roja, no hay
sangre azul y además se dice que todos
los corazones salvo algunas excepciones los más sensibles están en los
escritores por tanto esa igualdad, igualdad que hace que los seres humanos
nazcan de la misma manera, una igualdad esencial, no igualitarismo y por lo
tanto dignidad de la persona por ser lo que es “persona” y junto a la igualdad
la libertad, pero hablar de libertad es algo muy grande, porque libertad es
asumir que se tiene la conciencia libre, que no es lo mismo que libertad de
conciencia, la conciencia libre significa que yo puedo decidir si yo tengo
todos los elementos para formular mi
decisión, “estoy bien informado“; estoy bien formado, me alimento todos
los días, tengo un techo donde guarecerme, tengo una ropa que ponerme y una vez
que tengo mis necesidades más elementales satisfechas yo puedo empezar a pensar para ser un hombre libre,
porque si yo tengo que buscar el trabajo trampeando o como sea, poniéndome en
la cola del paro, vendiéndome por 300 pesos condicionando mi asistencia a un
mitin de la izquierda porque tenemos que comer los niños y yo, así yo no soy un
hombre libre aunque mañana me permitan que vaya a votar en la urnas, yo voy
movido por mi hambre, por mi necesidad de tener que venderme en cada momento
por falta de trabajo. El punto era, “libertad” en sentido estricto de la
palabra, la justicia, y no hablo de tribunales de impartición de justicia,
hablo de eso tan sencillo de dar a cada uno lo suyo, que impere el derecho, que
no haya distinciones, que todo mundo sea medido por igual rasero, por el rasero
de la ley, la justicia que consiste además en que se conforma una sociedad, la
ley es la que puede hacer posible que conviva la gente en sociedad, mientras
que la ley sea justa y se apegue con justicia a todos igual.
SOLIDARIDAD,
es un mensaje que nos puede hermanar a todos, a todos aquellos que hablan del
reparto justo de la riqueza y de las oportunidades que sigue estando vigente,
aquellos que hablan de la hermandad de los seres humanos y porque hacen
referencia a sus creencias basadas en la teología de liberación, a otros que
hablan de otros supuestos de liberación humana u otras propuestas de
liberación, SOLIDARIDAD, que consiste en afirmar tranquila y serenamente que no
vale la pena luchar por bandera, que la única bandera es la bandera del planeta
tierra y la humanidad es una sola raza, una sola y única raza y que vale la
pena luchar por ella.
Y
esto que es muy importante INFORMADO,
no porque se den mucha noticias, hay diferencia entre la noticia y la
información, la noticia es una mercancía que se da para que se consuma, la
información es un dato que se da para que la gente a partir de ahí piense y
saque sus conclusiones y tome sus decisiones con consecuencia de libertad.
Y
desde mi asiento escribiendo de madrugada hablar de austeridad, a mi particularmente
me gusta esta palabra, hablar de austeridad fue la palabra que vertebro un
discurso del Enrico Berlinguer, aquel político Italiano que murió en la tribuna
en 1984 cuando hacía un llamamiento a los políticos y a los grandes empresarios, declarando
públicamente que el país requería de un nuevo modelo de desarrollo, en el cual
debían jugar un gran papel primero los gobernantes, los políticos y finalmente los
grandes industriales y empresarios, murió hablando precisamente de la
austeridad, la austeridad en el sentido romano, mediterráneo, austeridad no es
miseria, austeridad significa vivir dignamente, normalmente, no malgastar los
recursos naturales, poseer uno las cosas y no que las cosas lo posean a uno, no
ir constantemente atentando contra la naturaleza en un consumismo feroz, austeridad
significa tiempo libre para discutir y dialogar con los demás, para jugar, para
hacer posible el amor entre seres que se conocen, para convivir en la calle en
la plaza en el teatro, austeridad que significa que la mejor manera de vivir es
tener relaciones con otro ciudadano en el plano de igualad sintiéndose hombres
y mujeres libres en una sociedad democrática, austeridad que provoca que el
ahorro nos mida y pueda tenernos a todos con atención de seres humanos y no por
nuestra capacidad de consumo, yo me niego como ser humano que digan que soy
mexicano y que consume tantos tacos o autos al año, eso no es austeridad, eso
es medida de ser humano por otro talante.
AUSTERIDAD que
significa con otra palabra sobriedad, hablar de cosas concretas, hablar de
cosas que son importantes, incluso cuando se utiliza el lenguaje para crear
belleza, para hacer pensar, como nuestro premio nobel 1990 Octavio Paz, se
utiliza el lenguaje desde la sobriedad porque las palabras cayendo en cascada,
uniéndose, recreándose constantemente hacen pensar, hacen concebir nuevas
ideas, humanizan, esa es la austeridad y esa es la sobriedad; Y a partir de ahí
es cuando comienza el discurso y la propuesta, la sociedad de pleno empleo, el
desarrollo sostenible, el reparto del
trabajo, es decir, el recurso verde, rojo o violeta cualquiera que sea su
denominación, el discurso de la paz, PAZ que no significa la ausencia de
guerra, la paz por ejemplo es que hagamos saber a los gobernantes que no es posible
que los órganos máximos de deliberación en
materia de impartición de justicia dejen libre a una secuestradora
extranjera porque alguien no supo o no quiso llenar un papel o seguir un
procedimiento de trámite de la más elemental praxis jurídica y común de lo hizo
de manera incorrecta, la paz significa que el día de mañana miles de
delincuentes presos “NO” se amparen en el mismo concepto y anden sueltos por la
calle dañando a la sociedad, todo debido a la ineptitud de los encargados de
impartir justicia, esos a los que los ciudadanos pagamos su salario, significa
por lo tanto hablar de paz, como justicia, como entendimiento y protección entre seres iguales que son capaces de
razonar y de comportarse en una sociedad.
Y bien los mecanismos son los de siempre,
“LA MOVILIZACIÓN”, que es movilizar, movilizar no ha sido solo lo que mal ha
entendido la izquierda, bloquear y llenar las calle de gente o quemar esas
calles, movilizar ha sido concientizar, despertar conciencias de manera
positiva y creativa, nosotros existimos, los que queremos pensar por nuestra
cuenta para perturbar a los demás, hago un paréntesis para los creyentes, me
dirijo a ellos, para comentarles la frase que hoy en una plática que me
invitaron a dar entre universitarios a una persona de la audiencia que parecía
que era representante de la teología de
la liberación, me preguntaba y le constataba yo citando un pasaje, una de las
cosas que figuran en el evangelio cuando le preguntan a Jesús de galilea, tu ha
venido aquí a traer la paz?, y dice YO NO,
yo he venido aquí a traer la
guerra, y que quería decir? , he
venido a concienciar a concientizar a perturbar, jesus no queria gente
tranquila, drogada, queria gentes inquietas, venía a perturbar, a agitar
cerebros, a mover conciencias. Existimos
en la medida que movilizamos y agilizamos
el pensamiento; como decía el
párroco en aquella iglesia de naranjo de córdoba en España “levántate y piensa”,
es lo mas revolucionario que podrás escuchar en tu vida, porque la rebeldía
comienza ahí, en la cabeza que dice no sirvo para esa simulación, no me da la
gana, no quiero asumir esos devaluados valores, movilización que por lo tanto
significa que es el costo por pensar y por hacer pensar, los verdaderos grandes
revolucionarios de la historia de México, unos pocos que se contabilizan con una sola mano, su característica fundamental fue que hicieron pensar, pero
no me refiero a aquellos que el sistema educativo presenta como héroes y
grandezas de la historia, historia prefabricada, llena de mentiras y de
simulaciones donde todo traicionaban a todos, una historia de un México donde “en cuanto alguien tomaba el poder, todos,
enemigos y antiguos amigos, se ponían en su contra", eso fue dicho hace
cien años por Porfirio Díaz y parecería que pudo haberlo dicho ayer. Como
ejemplo de esa historia le diré que Nuestro primer presidente, Guadalupe Victoria, encontró a su peor
enemigo en su vicepresidente, Vicente
Guerrero, quien al llegar a la presidencia encontró a su peor enemigo en su vicepresidente, Anastasio Bustamante.
Pero eso no es todo en la famosa Revolución Mexicana todos nuestros
'héroes' se mataron entre sí. Todos han pasado a la historia como buenos y
tienen sus nombres en oro en el Congreso;
pero observe esto:
El héroe Carranza mató al héroe Zapata,
el héroe Obregón mató a los héroes
Villa y Carranza
y el héroe Plutarco Elías Calles mató al héroe Obregón,
por cierto, el héroe Calles fue expulsado del país por el
héroe Cárdenas.
El
proyecto de Guerrero era quitar a Victoria,
el proyecto de Bustamante era quitar a
Guerrero;
el proyecto de Santa Anna era quitar al que estuviera;
el de Juárez fue quitar a Santa
Anna
y el de Díaz quitar a Juárez.
Madero
tuvo
un proyecto: quitar a Díaz;
Obregón
quitar
a Carranza y Calles quitar a Obregón,
Pancho
Villa, Emiliano Zapata y Pascual Orozco era quitar a Porfirio Díaz.
Pascual
Ortiz Rubio recibió un atentado el mismo día de su
protesta el 5 de Febrero de 1930.
Victoriano Huerta
conspiro con Francisco Díaz, sobrino de
Porfirio Díaz para derrocar a
Madero.
En
el golpe de estado conocido como la decena trágica Madero y el vicepresidente
Pino Suarez son ejecutados al costado de la penitenciaria de la ciudad de
México.
Villa Ordena fusilar a Obregón, Raúl Madero interviene en
favor de Obregón y cancelan y salva su ejecución.
Álvaro Obregón ordena
matar a Villa en una emboscada.
Porfirio Díaz
combatió contra Antonio López de Santa Ana
quien en 1871 se levanto en armas contra
Juárez y en 1876 se levanta en armas contra Sebastián Lerdo de Tejada.
Esa
ha sido nuestra historia de héroes todos venerados y enaltecidos en
sus aniversarios de nacimiento o de fallecimiento con discursos emotivos
plagados de elogios e historias de heroísmo y buenas acciones y desde luego
calificados como inmaculado sin mancha ni defecto, incluso hay políticos amulo
de ellos que se atreven a auto llamarse apóstoles de la revolución y se promueven como ejemplo de la nación para las
generaciones actuales y con orgullo exhiben un retrato a su espalda en modestos
despachos y me refiero al Hitler costeño AMLO.
Si
hacemos un recorrido cronológico por nuestra historia.
En los inicios
de este país de 1821 a 1858 (37
años) tuvimos 30 presidentes iniciando
con Agustín de Iturbide hasta Benito Juárez en más de una ocasión (en promedio
uno cada 15 meses).
En la época de
transición de 1858
a 1911 (53 años) 14 presidentes
iniciando con Félix María Zuloaga hasta
Francisco León de la Barra, si consideramos que Porfirio Díaz gobernó de 1876 a
1911 (35 años) significa que el resto de ellos fueron presidente (en promedio uno cada 17 meses).
En
la época contemporánea de 1911 a 1934 (23 años) 13
presidentes desde Francisco. I Madero hasta Abelardo L. Rodríguez. (En promedio
uno cada 21 meses).
En la época reciente de
1934 a 2006 (72 años) 12 presidentes desde Lázaro
Cárdenas hasta Felipe Calderón. Finalmente uno cada 6 años de acuerdo a la
constitución política, muchos de ellos cuestionadnos por su actuar y en la vida
reciente FCH que termino su periodo en el 2012 verso por los mismos vicios de esa vergonzosa historia de antaño, la misma que nos hacen ver en la
edad escolar como la grandeza del siglo. Esto nos deja como enseñanza y como
verdadera historia del pasado y del presente que vivimos en un país donde
sabemos que el camino a la política esta pavimentado de hipocresías abusos,
mentiras y con un enorme rastro de muertes, hay que esperar a ver los
resultados e EPN.
La revolución la hicieron los hombres,
las masas, los colectivos, pero le valor de ellos fue el pensamiento que pusieron en marcha, ese es el concepto noble
de la movilización, en torno a lo concreto y a las alianzas de todo un
pueblo por eso se hacen llamamiento de
unidad pero no para repartirse sillones y llenarlos de senadoras vulgares
socias de delincuentes, o de delincuentes perseguidos por la ley que tiene que
entrar a tomar protesta escondidos en una cajuela con la complicidad de otros
igual de delincuentes pero al amparo de su fuero, para después convertirse en
prófugos de la justicia, o de niños bien, heredando el poder de sus padres
copropietarios de partidos salvadores de la ecología, no, la unidad es para
hacer programas de transformación, que hacemos en el pueblo, que hacemos en la
ciudad, que hacemos en México, que hacemos en América, alianzas, alianzas entre
gentes que coinciden básicamente, por lo menos teóricamente en que quieren
cambiar el mundo, pongámonos de acuerdo que podemos cambiar ahora, pero cambiar
un sillón por otro, eso ya no es correcto, eso lo hacen todos desde tiempo
inmemoriales, podríamos comenzar por cambiar y combatir para erradicar la
corrupción ese cáncer del que parece que con resignación participamos todos y
que corroe y acaba con todo y con todos, y por ultimo:
La
cultura, la palabra cultura viene de cultivo, cultivarse, hacerse ser humano cada
día más, la cultura no es saber muchas cosas, la cultura es captar, todo
aquello que la humanidad ha ido produciendo y que nos mueve desde el arte al
estremecimiento por degustar la belleza, a entender como la humanidad ha ido
superando determinados problemas, un hombre culto no es un hombre que este
rodeado de libros, que también puede ser, un hombre culto es un hombre que ve
al mundo con mirada independiente y libre, un hombre culto puede ser un
campesino de nuestra tierra cuando revira con un argumento utilizando palabras
que se utilizan en mi tierra, está pensando pero sabe calcular las cosas,
piensa como quiere en función de sus conocimiento y experiencia en el campo, es
un hombre que tiene un tipo de cultura, y ese hombre que a lo mejor no sabe leer,
le puede dar la mano a otro hombre de la universidad que sabe más cosas pero
que está en la idea equivocada de la cultura porque ambos confunden el
verdadero sentido de ser hombres libres con
capacidad para pensar. Lo más importante es darse cuenta y tener
conciencia de que el “conocimiento” es la herramienta mágica que se descubre en
el camino de la cultura y ver que es la única herramienta maravillosa con la
que se puede conquistar todos los horizontes, arrojar luz en el mundo tenebroso
de la ignorancia e iluminar el mejor camino para llegar lo más rápido posible a
las metas que justifican el paso por la vida de un hombre que se dice libre y
que realmente es libre
En
fin he hablado de los que me mueve y nos debería de mover a nosotros, SI a ti, a usted, a todos
quienes me hacen el favor de leer, lo dije en un sentido de amor a mi país, de ejercicio
de sencillez, no sé lo que ocurrirá en los próximos meses o en los próximos años pero la decisión de
mantener este pensamiento es firme, por mi parte la voy a seguir manteniendo no
lo pienso cambiar ojala usted amable lector con valentía, con sentido de
responsabilidad, con fervor patrio, con amor a México analice lo que aquí le he
dicho, la comparta y la practique.
Con
el tiempo se dará cuanta que valió la pena pensar, no resignarse, ser rebelde,
solidario, mantenerse informado, actuar, vivir con libertad, movilizarse, hacer
su propia historia y trascender.
Esta
es de mi parte a través de las letras una humilde aportación que espero sacuda
las conciencias de todos los mexicanos, sirva para alertar a todos en contra de
la resignación, usted que hará para aportar algo positivo para engrandecer este
inigualable país, ¡México!; Las futuras generaciones seguramente se lo
van a agradecer.
sábado, 18 de enero de 2014
El secreto de Neith.- Ramón Cuellar
Mil destrucciones de hombres se han verificado de mil maneras y volverán a suceder: las mayores por el fuego y el agua y las menores por una infinidad de otras causas.
“Timeo o de la naturaleza”
Todas nuestras palabras son necesariamente una imitación, una imagen de alguna cosa.
“Critias o de la Atlántida”
Diálogos, Platón
El 2098 llegó con su cargamento de anhelos, promesas, proyectos, junto con la idea de organizarnos para una mejor vida. En la noche de 2097 tuvimos una gran fiesta donde no hubo cabida para la tristeza; prácticamente el gobierno central tiró la casa por la ventana. Cómo me hubiera gustado que estuvieras conmigo. La idea de construir ciudades isla o flotantes, tú lo sabes, nació de un artículo escrito por César Ledesma Ayala, un periodista del semanario Punto de Partida, en el verano de 2024, y de la lectura atenta hecha por un ingeniero dedicado a diseñar conjuntos habitacionales; era la solución a lo que se planteaba como una utopía. Aunque ya somos menos que los siete mil millones de principios de siglo, la sobrepoblación rebasa los límites de la cordura; ya no alcanza espacio ni alimento para todos. Las enfermedades han acabado con los más viejos y han disminuido el número de niños. Tú sabes que debido al deshielo de los polos y a que el mar devoró las costas, cubriendo miles de islas y ciudades, las generaciones sobrevivientes tuvieron que huir hacia los lugares más altos, donde el agua no los alcanzara. Quienes vivimos en esta época no esperamos nada del futuro porque cada minuto es una oportunidad de vida, cada respiro es un segundo que disfrutamos como el último. Y no es una metáfora.
Tengo seis años en Atlántida, la ciudad flotante más grande de todas. Se llama así en memoria de un viejo mito que nos llegó a través de los griegos y que a su vez les llegó de los egipcios, quienes lo contaron de manera oral durante miles de años. Solón lo llevó a Grecia y Platón lo plasmó en sus Diálogos. ¿No lo recuerdas? No importa; de cualquier modo, qué bueno que regresaste de tu largo viaje de investigación. Te perdiste de una buena juerga; ojalá que hayas encontrado lo que buscabas. Hace varias noches que encallamos frente a lo que eran las costas de Canadá y Estados Unidos. Ya sabes que venimos del cono sur, donde cargamos combustible, semillas y alimentos. Todavía percibo en el cuerpo el cansancio de tanto bailar en el gran salón, la noche de año viejo. ¿Tú no?... cierto, no la pasamos juntos, estabas en otra de las islas, en Amasis. Suena paradójico que a pesar de los profundos cambios que hemos sufrido, todavía acostumbremos hacer festejos comunitarios y cultos religiosos.
Quién me diría que el 2091 era el último año que estaría entre los míos. Sobre todo junto a mi madre y mis amigos. Me vine a vivir a la ciudad isla de Atlántida porque allá arriba, en la montaña, mi madre insistió que era aquí donde debía estudiar: “Veme”, dijo, “nunca decidí nada ni nunca me casé; lo mejor que he hecho es tenerte”. Dejé el Puerto de Hércules, como le dicen al embarcadero, por parecerse al hundido Estrecho de Gibraltar (en algún momento se llamó Columnas), con miedo y dudas, porque mi madre se quedaría sola a su suerte; en esas condiciones era probable que muriera. “No insistas, Neith, tienes que irte, no te preocupes por mí, ya cumplí con educarte. No moriré, hierba mala nunca muere.”, replicó; yo no quería subir al barco que me llevaría hasta la isla artificial que había escogido. “¿Por qué a ésa?”, pregunté, “si hay cientos donde puedo estar cerca de ti”. “Atlántida es el sueño de hombres y mujeres, la población más equilibrada, la que recorre el mundo como un crucero de lujo; cualquiera mataría por vivir ahí”, recalcó con disgusto, para terminar la discusión. No alcanzaba a entender sus propósitos, supongo que a sus cincuenta y dos años ella lo tenía claro. Así que alistó mis cosas en una pequeña maleta, a pesar de mi negativa y me dejó en el atracadero sin volver la vista atrás. Vi cómo se alejaba en la lancha; no pude contener unas cuantas lágrimas que pronto se secaron porque el barco en el que viajaba había recorrido sus primeras millas náuticas.
Cuando bajé por la escotilla no me había percatado que estábamos en Atlántida. En la montaña hay pocas ciudades y la mayoría son más bien aldeas donde la gente comercia y trafica con las necesidades básicas. Cuando levanté la vista para mirar el horizonte, la ciudad flotante se me vino encima como una fotografía en tercera dimensión; entró por mis pupilas con su arquitectura de espejos y juego de luces matinales. Habíamos viajado toda la noche sin contratiempos; me asombraba arribar a la ciudad más famosa de la ingeniería moderna. Sólo el recuerdo de mi madre se erigía como una sombra dolorosa. Di mis primeros pasos por sus calles angostas, buscando un lugar donde hospedarme. No tuve que caminar mucho; a los pocos metros me interceptó una docena de guías turísticos y comerciantes que proponían e invitaban diferentes opciones. Dejé que una mujer me condujera hasta un albergue. Al entrar toqué una figura dorada para llamar al encargado; la escena me recordó las viejas historias de mamá que hablaban de campanillas en los mostradores de los hoteles. Después de alojarme, salí a recorrer la ciudad. Era tan grande como un país, del tamaño de las ciudades-isla Libia y Asia menor. Quise conocer todo en un solo día, pero lo cierto es que solamente pude visitar las fábricas de aguas termales y una planta generadora del vital líquido capaz de abastecer a cientos de pueblos; acabé con el cansancio a cuestas. Llegué al cuarto con el cuerpo adolorido. El resto de la ciudad lo he conocido poco a poco, con el pasar de los años. A pesar de que no somos muchos —según documentales de las estaciones aeroportuarias Atlántida tiene un fuerte control sobre la natalidad—, me fui haciendo a la idea de que sólo tendría un hijo. No sé por qué te menciono esto.
Aunque casi se une con el Océano Pacífico, el Océano Atlántico es el hogar de Atlántida. ¿De qué otro modo podría ser? No deja de sorprenderme que en los veranos la ciudad es capaz de moverse por sí misma ante las embestidas de los huracanes; si vienen del sur, Atlántida se mueve hacia el norte. Eso sí, recoge los torrenciales por conductos que imagino gigantescos porque las fuentes y las cascadas que se distribuyen en todo el perímetro urbano no cesan de fluir el agua a todas horas; no sé cómo funcionan ni cómo los hicieron. Sí, lo sé, qué quieres, no estudié ingeniería. Y lo más sorprendente de esta isla es el centro que resguarda el Palacio de Gobierno y las Cámaras Legislativas. Quizá es una manía, algunos le apodan “El Zócalo”. Son verdaderas obras de arte que combinan de forma extraña la arquitectura moderna con la clásica; la de los griegos y los romanos, exactamente. En los viejos libros de la Biblioteca del Congreso también descubrí que las ciudades flotantes ya existían desde hace siglos en forma de cruceros de lujo. Una de esas ciudades, llamada Titanic, se había hundido al chocar contra un témpano de hielo en 1912; su propósito esencial era transportar a miles de personas por puro placer. Ahora vivimos en los océanos por necesidad; ¡quién lo diría! Esperemos que la nuestra no acabe como esa isla de turistas.
Luego te conocí. Creo que fue en la escuela donde nos topamos por accidente y sólo nos quedó presentarnos. “Neith”, te dije. ¿Te acuerdas? Tú me miraste indagando el significado de mi nombre, pero como siempre escogiste tu silencio. Al final pretendiste pronunciar cuatro palabras, con un sonido gutural: “Es-de-origen-egipcio.” “Sí”, contesté, “no sé la etimología, sólo que es la diosa fundadora de Egipto y que tiene su similar en griego, Athene”.
A partir de ese día nos hicimos amigos, como lo somos hasta el día de hoy. No sé por qué acepté servirte de conejillo de indias. Me hablas de agujeros de gusano, de la relatividad, del espacio-tiempo, de la mecánica cuántica, de la teoría de las cuerdas que aspira obtener una teoría del todo que explique de modo definitivo el universo. No me revelas qué sentido tiene esa máquina que dices permite conocernos a nosotros mismos. ¿Qué no se supone que cada quien lo decide? Ya sé que te interesa mi capacidad para aprender idiomas rápidamente y la verdad no sé para qué. Te has entercado con eso. ¿Por qué es tan importante? No se me olvida que me obligaste, sí, esa es la palabra, a que aprendiera latín y griego antiguo de un día para otro. No entiendo cómo lo hago, sólo sucede; supongo que es un don de nacimiento. Me siento como la piedra de Roseta. De cualquier manera, eso no aclara tu intención de experimentar conmigo. ¿A dónde me mandarás con tantos idiomas? También afirmas que mi capacidad de resistir los torbellinos emocionales de los demás es un síntoma de que entiendo lo que haces. No es así, no sé quién soy. Sólo sé que mi madre me mandó a Atlántida y no he terminado de estudiar como ella quería. Ando de freelance y no tengo un hijo. Y no es que no asuma relaciones, el asunto es que no sé para cuándo sucederá. Tengo veinticinco años. A veces me dan ganas de regresar con mi madre; cuando me acuerdo de sus advertencias de no volver hasta que esté completamente formada, me detengo. ¿Cómo estará ella?
Entro a la máquina. Te miro para preguntar lo mismo: “Dime la verdad, ¿qué es esta cosa?” Me observas durante un rato, mientras presionas botones, jalas palancas, haces cálculos en tu bitácora, hasta que por fin sueltas que experimentas con el tiempo, que has logrado trasladar fotones de un sitio a otro, además de insectos. Dices con las manos que si recordamos el pasado, recordaremos el futuro. “Stephen Hawking tenía razón”, suspiras, emocionado. Bonita manera de decirlo, el futuro no tiene memoria; ¿quién puede recordar lo que pasará mañana? Pienso un poco sobre tu confesión sin decir una sola palabra. Levanto los ojos; con las cejas arqueadas resumo lo que no explicas: “¿Es una máquina del tiempo?” Asientes con la cabeza. No lo puedo creer, ¡te atreves a decirlo sin haberme consultado si aceptaba o no viajar en el tiempo!... Bueno, para serte sincera la idea siempre me pareció una fantasía porque más bien las personas utilizan esto para no tocar su presente. En serio, huyen de la realidad. Sí, te lo digo Juan para que me entiendas Pedro. ¿Que no estás delirando? ¿O sea que estás seguro de que funciona? Pues no sé, me horroriza lo que pueda pasar. La verdad, las máquinas me dan miedo. No me mires así, sería terrible dejar de sentir para convertirnos en una de ellas.
Hoy me he levantado con cierto desasosiego. Hace tanto que hablo en voz alta, lo aprendí de mi madre y probablemente ella de la suya; es como si con esa costumbre dejáramos constancia de nuestro paso por la vida cotidiana, como una grabación que sólo el aire es capaz de oír. La noche no me la pasé bien pensando todavía, al paso de tres semanas, en la máquina de mi amigo. Debe estar loco si cree que entraré otra vez. ¿Qué haría en otro tiempo?; ¿y si no regreso?; ni siquiera hay seguridad de que funcione, está a pruebas. Además, para fortuna, mi madre está conmigo. Acaba de llegar en el último transbordador que vino de tierra firme. Me siento feliz de tenerla, de sentirla, de olerla, de saber que no murió, que sobrevivió a los trajines de las aldeas. Está convertida en nómada.
Veo cómo se levanta y se acomoda nuevamente en la silla, desesperada; no encuentra su sitio. Lo único que quiere es moverse. Ha tomado la manía de fumar. Me encontró en el jardín del circuito interior de Atlántida, cuando hacía una inspección para la Facultad de Maricultura y Biotecnología: hay que estar al tanto del crecimiento de las plantas y de la maduración de los frutos porque suceden a diario. Estaba de espaldas cuando escuché su voz. Al principio creí que era la costumbre de recordarla tanto (percibo en lo más hondo de mí voces tan nítidas como grabaciones estereofónicas); la vi con su cara quemada por el sol, de ojos pequeños y nariz chata. Corrí hacia ella y extendió sus brazos para darme el más fuerte de los apretones. Se apartó para decir, seria: “Tienes que saber algo muy importante sobre tu origen.” La frase se quedó en el aire porque unos compañeros se acercaron para entregarme documentos.
Y aquí estamos, en el cuarto. Me reclama porque no he terminado mis estudios en seis años. Quiero responderle. Mis palabras se regresan a medio camino para recoger un pensamiento distinto. “Después del sacrificio de separarnos y andas todavía de estudiante”, espeta, molesta porque no respondo a su interrogatorio. “¿Qué quieres que te conteste?, Atlántida me ha exigido sobrevivir; no se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo; de todos modos ya casi termino la carrera; además, tengo un trabajo”, concluyo, para calmarla. “No es suficiente.” “De cualquier manera”, difiero, “le estás dando vueltas al asunto y no has dicho a qué viniste”. Mamá abre la boca para pronunciar algún sonido; unos golpes en la puerta la distraen. Me levanto para ver quién es: se trata de mi amigo. Mamá lo observa tratando de encontrar una relación más estrecha. Él se sienta, agobiado, con susto; nos dice, como puede, que algo grave pasa porque las autoridades se reunieron hace horas para decidir si evacuarán la isla. Mi madre y yo lo miramos. “¿Qué se supone que debemos hacer?”, pregunto. Él no dice nada, se dirige a la puerta: nos pide que lo acompañemos. Mamá y yo lo seguimos, calladas. En mi cabeza revolotean imágenes junto a mi madre: hay una amnesia frecuente, no recuerdo mi niñez.
Mi amigo nos conduce por los callejones de cristal hasta que llegamos a su casa. Nos abre la puerta. Nos sentamos en los sillones de la sala. Mi madre lanza una mirada con miedo; no entiende lo que sucede. Trato de consolarla y de hacerle saber que todo está bien; se pone más nerviosa; comienza a decir frases que no escucho, que las farfulla. Entonces él enciende el televisor de hologramas para que veamos lo que ocurre: un sismo fue detectado hace tres horas, gracias a lo sensores instalados en los fondos marinos, y está a punto de sacudir la Tierra. Atlántida no debe moverse en momentos así, su tamaño no permite los temblores intensos y sus consecuentes tsunamis. El noticiero dice que están evacuando, que vayan a los aeropuertos para subir a los aviones y helicópteros; irse a los embarcaderos resultaría peligroso, pues serían devorados por el maremoto. Él apaga el aparato; nos pide salir. Mi madre quiere saber por qué mi amigo se expresa solamente con señas; contesto que es sordomudo. Salimos de la casa. Me toco el cuerpo y siento que olvidé algo. Sin decir nada, por instinto, me regreso corriendo. Entro. De pronto la casa se sacude. La puerta se cierra. No la puedo abrir. Angustiada, volteo para todos lados, intentando encontrar una salida. Camino aprisa hacia el otro extremo y entro a un cuarto. Ahí está la máquina de mi amigo. Por mi cabeza cruza el rostro de mi madre. Ya debe estar a salvo. Tengo un sentimiento de no querer morir. La casa se sacude cada vez más. El agua penetra por todos lados. No quiero quedarme. El pánico se expande en mi pecho como una descarga eléctrica. Subo a la máquina; presiono una tecla que dice “iniciar sesión”. En mis oídos hay un sonido largo, agudo. Todo da vueltas como en un remolino. Los objetos flotan alrededor mío. El agua anega los escondrijos más recónditos, empapando lo que encuentra a su paso. Me siento como dentro de una pecera de luz. La máquina se eleva; todo se contrae en un punto. No siento mi cuerpo. Al principio observo con claridad por dónde voy; aparece un túnel largo, voraz como la humedad. Es como una caída eterna donde el fondo no existe. No hay arriba ni abajo ni derecha ni izquierda. La luz se esparce como una explosión, inundando los ojos hasta la ceguera. Por unos segundos dejo de pensar, percibiendo en lontananza ruidos con los tímpanos llenos de agua. De pronto, se detiene. El zumbido ya no se escucha. El agua se ha ido. La luz empieza por ser más tenue; las imágenes se convierten en algo concreto, aunque empañado. Reviso mi cuerpo: no tengo un solo rasguño; mis ropas están secas, destrozadas. Abro y cierro los ojos porque la estela de humo y polvo que dejó la máquina no me dejan ver. Todo se asienta hasta que escucho un sonido como de río. Bajo de la máquina. Mis pies descalzos, los zapatos desaparecieron, pueden sentir la hierba. Un aire suave corre por mis cabellos; un dulce olor a frutas y cocotales penetra por las aletas de la nariz. Estoy en un campo abierto, la vista es formidable. Hay un cielo tan azul que duele observar. El horizonte en mis ojos, ávidos por atraparlo de una sola vez. Camino hacia cualquier lado; me descubro encima de una loma. Hacia abajo se abre un valle lleno de árboles, palmeras y resonancias que no distingo bien.
Me hallo entre un grupo de personas con actitud guerrera, aunque de corazón ingenuo, como niños azorados ante un mundo que no comprenden, que no saben por qué están en él; se lo preguntan y me cuestionan. No sé qué decirles; guardo silencio para no confundirlos con mis conjeturas al respecto.
Cuando salí de la máquina seguí el curso de un largo río, buscando algún referente para saber dónde me encontraba. En uno de los varios atardeceres en que caminé largas jornadas, claramente escuché no muy lejos el murmullo de voces humanas. Dirigí mis pasos hacia ellas; durante el trayecto, quise identificar palabras y extrañamente fui entendiendo la mayoría. Ahí los vi, desnudos del pecho, hombres con taparrabos y mujeres con faldas acampanadas hasta las rodillas. Los vi venir lentamente, con el temor a ser lastimados o agredidos. Me levanté para dirigirles un saludo. Ellos retrocedieron, escondiéndose. Se asomaban de vez en vez para mirar mis movimientos. Pese a todo, logré acercarme a uno; lo tomé de las manos. Los demás observaron, extrañados de mi modo de ser. Lanzando gruñidos o palabras que entendí como preguntas de quién era yo, poco a poco salieron de sus guaridas para rodearme. Me olisquearon por algunos minutos, incluso lamieron la tela desgarrada. Pasaron sus manos por mi rostro, acariciándolo como un objeto delicado. Sonreí para que confiaran en mí; a pesar de eso, tomaron distancia. Me incliné a la orilla del río para tomar agua; ellos hicieron lo mismo. El líquido limpio, me doy cuenta ahora, revitalizó mi cuerpo como lo hace un energético o un combustible.
Eso fue hace treinta años. Vivo en un territorio llamado Saitica, con la tribu de los Sais, en la ciudad del mismo nombre. Me adiestraron en el manejo de armas para la caza de pequeños animales y la recolección de frutos; el alimento que prefieren son los caracoles: los comen por millares. No sé cómo fue, ya lo había dicho, desde el primer momento supe hablar su idioma, un tanto primitivo, porque tenía una ligera semejanza con las lenguas antiguas del norte de África y medio oriente, del año diez mil antes de Cristo, más o menos. Les he enseñado todo lo que sé, en especial la agricultura y nuevos modos de pesca; también les he mostrado cómo almacenar información con dibujos que representan palabras e ideas completas; fue la mejor manera para que entendieran rápido y de modo eficiente; se encuentran muy atrasados con respecto a mi época. Podría decir sin temor a equivocarme que están en pleno mesolítico inferior porque conocen el tallado de las piedras.
Me he convertido en su guía, en su líder. Piensan que soy una diosa porque me vieron descender de la máquina; iba casi desnuda, con los senos de fuera; quizá por eso represento desde el primer día la fertilidad. Les he contado del hundimiento de Atlántida, pero también de su grandeza cultural, de su progreso tecnológico, de sus enormes edificios cúbicos y piramidales, de cómo la metrópolis sobrevivía a pesar de la violencia de los distintos grupos de poder, de cómo en lugar de un río teníamos una fábrica de agua a la que llamábamos Atlas, de cómo dentro de la propia isla había otras islas flotando, que enlazaban todas las embarcaciones de abastecimiento y en la del centro se encontraban los palacios legislativos. Atlántida era una repetición de círculos concéntricos.
Estos hombres y mujeres con los que ahora vivo se hacen llamar egipcios. Yo soy Neith, la diosa fundadora de su estirpe.
A menudo pienso en la frase de mi madre cuando la vi por última vez en Atlántida. No existe una respuesta lógica que cierre esa parte. Pienso una y otra vez en lo que quiso decir sobre mi origen. En mis noches de insomnio, que son muchas y frecuentes, trato de dar con la información adecuada; mi madre se borra paulatinamente. No recuerdo mi infancia ni cómo llegué a su vida; tal vez alguien me regaló con ella.
El agua del río ya no sacia mi sed: cada vez me siento más cansada, como una batería que se descarga sin remedio, como si el aliento se extinguiera. No es que esté vieja, apenas tengo cincuenta y cinco años; me pregunto hasta dónde habrá afectado la máquina del tiempo. Mis días se tornan largos, por donde desfila, como a través de una película, la vida de mi amigo. Nunca sentí nada por él, a pesar de que intentó acercarse. Quizá él me mandó a este momento de la historia para salvarme; no es gratuito que insistiera tanto en los idiomas. Nunca sabré si él era la alternativa para un hijo. No tengo idea de lo que se trata un embarazo y no creo que lo sepa a estas alturas. En esta tribu los hombres nunca me han tocado porque me consideran sagrada.
Levanto la vista, aguzando el oído; unos ruidos me sacan de mis recuerdos. Estoy sentada. A mi alrededor los cazadores discuten sobre los alimentos de la tribu. ¡Había olvidado que teníamos asamblea de preparación para la caza! Me abstraje demasiado. Noto que me observan de un modo especial —casi podría decir que aterrados—, como si estuvieran viendo un monstruo. Un hechicero anciano grita que vea mis manos: la piel está ligeramente desgarrada, como si hubieran pasado una navaja. Debí cortarme en los ramajes, durante la recolección de frutillas. O me lo hice yo misma. Examino y noto con sorpresa que no hay sangre. Traigo a la memoria alguna imagen de heridas o curaciones: no hay nada, nunca sufrí un accidente de gravedad. Con ansia meto el dedo en la rasgadura. Jalo un poco: la piel se rompe como una tela vieja. Debajo de ella aparece una especie de tubo, envuelto con delgados cables multicolores, con pequeños focos que se encienden y apagan, ensamblados junto a resortes, tornillos y tuercas finamente labradas.
miércoles, 15 de enero de 2014
De Amazonas, perlas, conquistas y demás
La Paz Baja
California Sur, a 04 de Enero de 2014
Por:
Salvador Castro Iglesias
Cuentan los que si saben de estas
cosas de historia, que hace ya muchos años en el viejo mundo, el escritor Garcí
Rodríguez de Montalvo, aburrido y no teniendo otra cosa por hacer, decide
escribir de principio a fin, un libro al que llamó “Las Sergas de Esplandián”,
en el cual describía prolijamente un reino dominado por bellas mujeres negras
denominadas amazonas y que vivían sin hombres más que para procrear, amén de
ser valientes, entronas para los cocolazos y que además poseían grandes
riquezas.
Tales chicas vivían en un lugar
llamado California y comandadas por su Reyna la tal Calafia, eran el azote de
todo ser vivo en sus dominios siendo temidas por su bravura.
Yo no sé en verdad si Don Hernán
Cortéz, Francisco de Ullóa y tantos aventureros que vinieron a la hoy llamada
Baja California Sur, fueron influenciados por dicho libro, pero para tener la
osadía de atravesar los mares buscando más tierras de las ya conquistadas,
debieron haber tenido muchos sueños, ambición o ganas de poner tierra entre
ellos y sus familias.
Pues hete aquí que un día de tantos
de nuestro Señor de 1535 (3 de mayo para
ser precisos), fue bautizada nuestra bahía como Santa Cruz por los primeros
Españoles al llegar a sus aguas en esa fecha; y fue Sebastián Vizcaíno entre
los meses de junio y noviembre quién decidió fundar un asentamiento en la bahía
que nombró Bahía de La Paz.
Muchos piensan que fue el
Conquistador Hernán Cortés el descubridor de nuestra tierra, pero en realidad
cuentan los historiadores que fue el piloto y navegante Fortún Jiménez quién al
mando del navío Concepción avistó en el año de 1534 la península, pensando para
sus adentros que era una isla.
Todo lo anterior viene a cuento, ya
que desde esa fecha, nuestra Península ha sufrido desde atracos, exterminio de
sus pobladores originales (debido a las viruelas, tuberculosis y otras
enfermedades traídas inocentemente por los Españoles), Filibusteros también
llamados “piratas”, malandrines de toda índole exportados de otras latitudes,
políticos pillos disfrazados de gente bien y tantas calamidades, que si la tal
Calafia viviera, falta le haría filo a su espada de oro para darles chicharrón.
Ahora que si volvemos al cuento de
la tal Calafia, imaginen la cara de los exploradores al dar con la California
de la leyenda…
.- Josú Don Fortún, ¿eso que vemos
frente a nosotros es la California?
.- A ver majo, presta acá el
catalejo para echar un vistazo
.- mmm … Pues mira tú que yo solo
veo playas, rocas, cactus y unos indios con cara de pocos amigos
.- Joder, ¿y la tal Calafia?
.- Ni idea grumete, de seguro anda
por otras partes porque solo veo hombres, mujeres y niños, de las Amazonas nada
.- Me cachis la mar salada, tanto
viaje y con estos calores para no encontrar las riquezas ni las amazonas
piernudas ni a la Calafia, bajemos para ver si encontramos algo que valga la
pena y no olviden llevar sus espejitos y cuentas de vidrio para el canje
.- A la orden mi Capitán
Cuenta la leyenda (que acabo de
acomodar para hacer más divertido este relato) que diciendo y haciendo, bajan
un bote, se trepan en él y remando llegan a la orilla de lo que hoy conocemos
como la playa Coromuel (nombre dado por los indios Guaycuras que ahí vivían al
no poder traducir ni pronunciar correctamente el nombre del famoso filibustero
Cromwell).
Al llegar a la orilla son recibidos
con chiflidos, insultos y conchas arrojadas con tal tino que al marinero que
iba por delante, le produjeron un enorme chichón en la frente, (dando con ello
inicio a lo que muchos años después sería considerado como el deporte de tirar
las piedras y conchas al agua para ver quién las rebota más veces).
Después de varios intentos por
hacerse entender por los indígenas Guaycuras y convencerlos de sus buenas
intenciones para con ellos (algo que suena muy parecido a los discursos de los
políticos) lograron por fin ser recibidos por los lugareños, quienes creyendo
en su buena voluntad organizaron un gran fiestón para los visitantes, y al cabo
de muchas cervezas y ron ingeridas para matar el calor, los marinos de Don
Fortún, hartos de tanta abstinencia sexual, decidieron que si no había amazonas
al menos podrían conformarse con las morenazas del lugar y al grito de “Dale a
tu cuerpo alegría Macarena”, le dieron vuelo al gusto violando a cuanta Guaycura
se les puso enfrente.
Como eso del mestizaje no se les
daba a los pobladores de esta parte del nuevo mundo, ardieron en cólera y
dieron muerte a Don Fortún y los pocos sobrevivientes que quedaron pusieron
pies en polvorosa, abordando la Concepción y marchándose a toda vela de
nuestras tierras.
Hasta aquí mi parte de la historia
sobre el descubrimiento de la bahía de La Paz y las penurias de los Guaycuras,
Don Fortún y sus alegres marinos, que solo busca entender el resabio ancestral
hacia todo lo que venga del macizo continental.
De las Amazonas y la Reyna Calafia
nunca se supo nada, de seguro al ver la acciones nada cristianas de los
visitantes, han de haber decido irse a otras tierras u otras leyendas porque lo
que es en Baja California Sur ya no tenían cabida más que para las fiestas del
Carnaval, en el que cada año salen a relucir entre plumas, conchas y perlas de
plástico, subidas en algún carro alegórico para deleite de los pobres Paceños
que bien quisieran meterles mano emulando a los marinos de Don Fortún.
Nos leemos más adelante…
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