Vistas a la página totales

sábado, 8 de junio de 2013

Actitud Proactiva

Por: Jorge Alberto Vale Sánchez

Hemos dicho en este mismo espacio, en varias colaboraciones, que no debe sorprendernos la similitud que puede encontrarse entre la vida cotidiana y la organización institucional: no es un secreto por descubrir que el mismo hombre que se levanta y realiza acciones domesticas es también el que ocupa una responsabilidad en una organización de la que depende el desarrollo de acciones que repercuten en todo el grupo. Así, es fácil trasladar estados de ánimo y maneras de ver y entender la vida al momento de desempeñar y tomar decisiones en una tarea institucional.


 No es raro que haya días en nuestra vida que los apreciemos como caóticos, considerando que todo sale mal desde el primer minuto en que abrimos los ojos, tenemos incluso, para esas ocasiones, una frase que resume ese estado de animo: “me levante con el pie izquierdo”. Al decir esto atribuimos al azar o a la mala suerte los resultados de actividades cotidianas. Sin embargo, la actitud con la que enfrentamos un día cualquiera depende en mucho de la capacidad para organizarnos, planificar actividades y concretar las acciones que  dan el rumbo deseado a nuestra vida. Es común utilizar el ejemplo de la visión del vaso “medio lleno o medio vacío” para apuntar esta actitud positiva o negativa que podemos tener, según sea el caso. Tampoco es un secreto advertir que de esta visión y actitud depende que un día normal se vuelva extraordinariamente positivo y alcancemos la efectividad en nuestro quehacer cotidiano. Y como lo dijimos al inicio de esta nota: de igual forma ocurre en las organizaciones públicas, cuyos equipos de trabajo se constituyen por hombre de carne y hueso.

 
Actuar con una mentalidad de abundancia, en la que se considera que hay suficiente para todos, es decir que podemos establecer decisiones conjuntas en el que todos los participantes salgan con beneficios, nos lleva a establecer necesariamente un modelo mental para la toma de decisiones de la forma ganador-ganador. Es decir, nos lleva a un modelo en el que todos los participantes obtienen y promueven el éxito para todos. Esta mentalidad de abundancia la podemos visualizar fácilmente como un juego en el cual la suma de resultados de todos los jugadores nos da un número positivo. Pensar de tal manera nos permite reconocer posibilidades ilimitadas para la interacción y el desarrollo evolutivo de las personas y por tanto de las organizaciones. Otra característica de esta forma de pensar es su relación con el pensamiento creativo y su capacidad para proyectar el gozo y la felicidad de desarrollar las actividades personales y de conjunto. Esta forma de pensar y de actuar en la vida, llevada a la actividad organizacional, trae resultados sobresalientes, pues de forma inmediata disminuye los principales hábitos perniciosos que debilitan el trabajo corporativo, como son el abuso de la competencia, el trabajo aislado, el juego de territorios, el hábito de reaccionar, entre otros.

Una actitud positiva producto de una mentalidad de abundancia promueve la colaboración y aprovecha al máximo el deseo nato de competir, impulsando la proactividad, es decir la participación propositiva con visión de futuro. Sobre todo, permite también una visión sistémica  de la división del trabajo, dentro de la cual la suma del trabajo de los equipos o sectores permite construir la misión institucional.

Esta actitud proactiva nos permite poner mayor atención a lo relevante en vez de caer en la tentación de atender únicamente lo urgente. Es decir, damos prioridad a la preparación y capacitación, a la prevención, la identificación y clarificación de nuestros principios y valores, la planificación participativa, la construcción de relaciones productivas e incluso el disfrute del tiempo para la recreación, haciendo a un lado la fácil tentación de atender únicamente los problemas cuando éstos llegan a tomar el carácter de crisis. Así, se evita caer en el trabajo bajo presión, la llegada de fechas de vencimiento, las interrupciones y visitas inesperadas, las llamadas telefónicas innecesarias, la correspondencia publicitaria y hasta algunas actividades de “escape”.

La mentalidad de abundancia y por tanto  la actitud proactiva,  permiten con mayor facilidad el establecimiento de modelos de administración participativa de grupos con un liderazgo democrático. De esta forma es más fácil “levantarse con el pie derecho” para enfrentar el trabajo cotidiano, lo que permite alcanzar el éxito institucional habiendo logrado el éxito individual de cada uno de los participantes en el equipo.








*valemarcortes@gmail.com
director general de
MEDIOS Y SOLUCIONES
ESTRATEGICAS PARA
LA EMPRESA.