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lunes, 27 de junio de 2011

LA MODERNIDAD

Por Ángel Cu Ambriz
Desde hace algún tiempo hemos sentido la presión del sistema en el sentido de que la persona que no se moderniza cibernéticamente (redes sociales, portales, blogs y tweeter) va a ir quedando fuera de una inercia que conduce a…
a…
a…
este…  a… bueno…
Dicen que a perder el éxito como profesionista o como empresario de vanguardia (perdón quise decir empresario globalizado de vanguardia)
Pero como siempre y desde que el hombre ha hecho historia, los números no dejan de mostrar la “neta del planeta”, y la verdad según la venerada OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico), en México tan solo el 0.05% de sus habitantes tienen a su alcance la utilización de la banda ancha móvil de comunicación. Es decir de más de 106 millones de habitantes, solamente 500 000 personas utilizan esta herramienta, contra el 88% de habitantes que lo utiliza en Corea del Sur,  es decir ¡42. 8 millones de personas usan la banda ancha por allá!
Pero para que más les guste, en el famoso;  tweeter; que se ha convertido en un medio de comunicación inmediato para mensajes cortos.  Ante el segundo aniversario de la muerte de Mikael Jackson, ¡Más de 150, 000 personas alrededor del mundo hicieron comentarios en relación a éste tema!
Mh… pero la realidad es que somos ¡7, 700 000 000 (siete mil setecientos millones)  de habitantes en el planeta tierra! Lo que nos lleva a concluir que a siete mil quinientos cincuenta millones de personas les valió grillo la muerte del negrito venido a blanco; o lo que es una realidad (y es lo que los especialistas concluyen) es que la sonada revolución tecnológica que estamos viviendo solamente está impactando a un sector muy pequeño de la población mundial.
Inclusive en nuestro país, por ese mismo medio (tweeter) no llegó ni al medio millón de mensajes  los emitidos referentes al triunfo de la selección nacional de futbol en la copa de oro.
Nuestra sociedad, como muchas otras en el planeta, se debate entre la realidad de poder subsistir día a día, sin la posibilidad de adquirir un artefacto que les permita integrarse a la famosa “red mundial”.
Lo más triste es encontrarse en nuestro país con personas que basan su eficiencia laboral  en la capacidad del manejo que tienen para utilizar dichos medios de comunicación cibernéticos, considerando que esto es la base de su inminente éxito profesional.
Herramientas, simplemente herramientas que están creando un abismo entre los que si las tienen a su alcance y los que no. Pero más grave es que el sistema educativo mexicano le esté apostando (al gusto de la OCDE), a darle una embarrada de dichos medios a nuestros estudiantes cuando la realidad es que muchos de ellos no podrán haces uso de los mismos en un futuro de corto plazo.
¿Comer o chatear?
En una familia tradicional mexicana (Padre, madre y dos hijos) en la cual trabajen  los dos adultos, con un salario decoroso cada uno de $6, 000.00 (suficiente según nuestro neandertal secretario Lujambio), es decir doce mil pesos mensuales divididos entre cuatro personas: ¿comprarán una computadora de $7, 000.00? ¿Pagarán una renta de $500.00 por tener teléfono e internet? ¿Comprarán teléfonos celulares de $1,500.00 para los adultos y pagarán un promedio de $1000.00 mensuales por ambos aparatos debido al servicio? ¿Pagarán casa, alimentos, vestido, escuela, transporte y salud con esos ingresos?
Los números son fríos, la población que tiene acceso al internet fijo en nuestro país apenas supera el 24 %, los otros más de ochenta millones de personas van al café internet, o simplemente no está en sus prioridades gastar en esas cosas. Esa es la crítica más dura que se le hace a algunos programas educativos que insisten en priorizar estas herramientas como estrategia educativa sin objeción.
El mercado del dinero indica que el negocio está en vender los “gadgets”: los nuevos teléfonos Smartphone, I pone, I Pad, etc. Y sumado a esto comprar los correspondientes sistemas operativos o “software” que para que funcionen al 100% (porque hay que comprarlos en lugar de “bajarlos” de la red), los que en su conjunto nos permite estar a la vanguardia de la comunicación… es decir, en comunicación con el minúsculo porcentaje de personas que en nuestro mundo no se debaten entre la alternativa de comer o chatear.
Por eso es que sigue siendo tan cuestionable el valor objetivo  que tiene la información por éstos medios electrónicos, que por lo pronto no  es más que una forma de “chismear” anónimamente, con seudónimos y fotografías tomadas a una mano por encima de nuestro  hueso frontal, tornando los ojos, fingiendo una sonrisa, con la ilusión de que “todo el planeta las disfrutará”.  O bien empresas que en algunos casos te tienen media hora abriendo portales de los cuales obtienes información que podrías tener en tan solo  cinco minutos de una llamada telefónica.
Esa es la ilusión; las grandes firmas desde luego que agotan las funciones de estos recursos, pero en proporción, su utilidad se va estrechando  hasta que en algunos hogares, la computadora no se prende más que para chatear con la comadre a la que se podría visitar con veinte minutos de caminata, para bien de nuestro bolsillo y de nuestra salud.