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miércoles, 22 de julio de 2015

El hombre del libro gordo

Por: Jesús Chávez Jiménez

El hombre del libro gordo
El pasado jueves fui con mi doctor. Un chequeo de los ojos. Fue un día normal. La cita a las ocho de la mañana. Y ahí; puntual como un militar.
La sala de espera poco concurrida. Cinco pacientes. Dos más adultos que yo. Una señora de unos cuarenta años. Una guapa dama de unos treinta años de buenos veres. Y el quinto llegó después que yo. Era un hombre alto. Gordo Unos sesenta años. De tez blanca. Y bien vestido. Y en su costado cargaba un libro gordo, demasiado gordo. Antes de sentarse checo el ambiente y el entorno. Sus ojos relampaguearon cuando encontró un asiento vacío al lado de la guapa dama. Y ahí desparramo su obesa humanidad.
Todo bien hasta el momento que habló. Un vocerron. Pero grande. Y empieza a dar una amplia descripción de su vida. Empezó con su formación académica. Es doctor en ciencias por la Sorbona de Paris. De ahí se pasó a sus propiedades. Es dueño del ochenta por ciento de La Paz.
Continúo con sus destrezas buen pescador. Como cazador sería un buen caso para la Profepa porque ha matado más de mil especies.
Y la dama toda asustada porque el hombre no paraba. A la hora de la perorata el hombre se subió a un barco que zarpo de San Francisco y recorrió todos los países de Europa. Y más allá; China. Japón. Reservo veinte minutos para recordar su paso por Groenlandia.
Toda una hazaña en un solo pecho. Y ahí todos escuchando sin querer. Y de vez en cuando le sobaba el lomo a su libro gordo.
Yo me empecé arrullar con la plática. Y a punto de quedarme dormido. Salte de mi asiento cuando le escuche una frase. Este libro. Es mi libro consentido. Por eso lo cargo. Y es de poesía. Es decir de puras mentiras. Porque sabrá amiga mía que solo a los poetas se les permite mentir. ! Sopas perico! Me dije. Y le puse más atención. Nos dio. Me dio una cátedra de mentiras y poetas.
Pero en eso estaba cuando la asistente del doctor me llamo. Y cuando me estaba atendiendo me acorde del gran Borges cuando contestó una pregunta a una joven estudiante. Me pregunta sobre la existencia de Dios? Quiero decirle que en este momento. Ni yo estoy seguro de mi existencia.
Y antes mucho antes dijo; soy un mentiroso. Y tengo miedo que me descubra.
Cuando salí de la consulta aquel hombre del libro gordo estaba declamando.