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viernes, 30 de marzo de 2012

¿Y si lo encuentro, qué te hago?

Por Miguel Ángel Castillo | Corte de Caja
El Universal
La anterior era una frase que mi santa madre solía aplicar para que sus hijos hallaran algo que seguramente ni ella sabía ubicar. No creo que fuera algo de su exclusividad, pero sin duda no existe, aún en nuestros días de guerra electoral, método más infalible para que aparezca algo que tal vez ya se había llevado el ropavejero.

Con tal de no desatar su furia, era capaz de hacer una limpieza general o comprar de nuevo el objeto en cuestión. Pero de que aparecía, aparecía.

Algo similar tuvo que aplicar el IFE en esta semana luego de que los partidos se quisieran pasar de listos y postularan a puro varón (que no es lo mismo que caballero), incumpliendo la cuota de género que estipula que 40% de las candidaturas al Congreso de la Unión deben ser ocupadas por mujeres.

Lo más insólito fue la justificación que los queridos partidos dieron por sus listas llenas de testosterona. Si no había féminas en ellas era porque ¡no las habían encontrado! Así nada más, desaparecieron, se escondieron debajo de las piedras e imposibilitaron a estos gentiles y honrosos institutos cumplir con la ley.

Por lo mismo, el IFE debió ponerse enérgico y amenazar con una amonestación pública, y no hay nada más horripilante que sufrir del escarnio y la vergüenza de ser exhibidos ante las masas; ellos que cuidan tanto de su imagen que hasta el momento resulta inmaculada, no podían permitirse el bochorno y como siempre, en el límite de lo establecido, ajustaron sus listas y de pronto ¡shazam!, que se hace presente el cromosoma XX para luchar por una curul.

Increíble, pero no se habían percatado que el país del que succionan el erario está constituido con una población donde más de la mitad son mujeres. Peor aún, existe un partido cuyo candidato es considerado el más adorado por el sexo opuesto (opuesto al de él, por supuesto) y uno más cuyo gallo es gallina. Luego entonces, ¿sólo las habían visto como carne electoral? Si esas cosas no pasan en este país; aquí el elector se le respeta, nunca se le usa.

Lo sentimos (y nos reímos) por todos aquellos que les dijeron ‘pues dice mi mamá que siempre no’ y que fueron invitados a renunciar a su candidatura prometida. Debe ser horrible tenerla y después perderla, sobre todo para los que ya se veían con su dieta de diputado, su iPad, su auto renovado cada año y sus viáticos para viajes cuyo objetivo es siempre ir a enseñar a países en desarrollo democrático nuestras mejores e infalibles prácticas parlamentarias.

No cabe duda que la sabiduría materna es el remedio a todos nuestros males. Bueno, a casi todos, porque hay situaciones y personajes que no tienen a quien festejar el 10 de mayo. Esos sí que son irremediables.