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martes, 15 de noviembre de 2011

El vino tinto que se produce en San Miguel de Comondú, es orgánico



(Publicado en la Revista Análisis, edición no. 128 de agosto de 2011)

  • Don Olegario Murillo, produce el mejor vino de mesa
 Por Bertoldo Velasco Silva
Fotos: Bertoldo Velasco Silva

San Miguel de Comondú, B.C.S. Nacido en este bello lugar el 18 de marzo de 1936, Don Olegario Murillo Perpuly, un típico ranchero del norte sudcaliforniano, decidió combinar, por azahares del destino y por derecho de herencia -desde pequeño-, ser ganadero y productor de uva y del mejor vino de mesa del estado, denominado vino misional auténticamente orgánico, reconocido por catadores sudcalifornianos y foráneos.
Hombre de recia figura, alegre y siempre dispuesto a la platica, Don Olegario nos dedica un espacio de su febril actividad en el huerto “El Rincón” -como así se le conoce a su predio-, que le heredara de su tía, donde tiene un pequeño corral con vacas y una buena extensión de tierra cultivada de parras a punto de cosechar una uva de excelente calidad, sabor, color y textura, para iniciar de inmediato, la producción de su famoso vino de mesa -tinto-, que tan buen sabor tiene y del que muchos, recorren hasta 430 kilómetros -desde La Paz-, a degustarlo.
Don Olegario no cuenta con la infraestructura para la cosecha -corte-, para separar y limpiar la uva, para exprimirla, para destilarla o para embotellarla. Todo su proceso, desde el cultivo de las parras, del riego de agua, del abono que le pone -excremento de vaca, es la mejor, nos dice-, y el resto, es totalmente rústico, manual, y ese, afirma, es su valor intrínseco y del por qué, muchos aprecian su vino tinto “que no tiene comparación con los que se producen en el Valle de Guadalupe, en la Baja California, porque el de aquí, es mucho mejor que el de allá”, sostiene.
Pero atrás de todo esto, está una historia. Una historia que Don Olegario Murillo decidió contarnos y hasta cuándo, podremos disfrutar de ese famoso vino misional, del que por cierto, no podemos disfrutar en La Paz, porque la gente llega hasta San Miguel con sus botellas con corcho, hasta con galones para llevárselos llenos, porque en este lugar, se carece del envase de vidrio y corcho, para embotellarlo.
Este huerto, nos explica, era de mi tía. En mi casa vivió hasta que falleció y me heredó la tierra y por ello seguí trabajándola. Otra parte es de mi esposa mientras que un hermano tiene una huerta de aguacate, a él, le tocó un ranchito, dijo.
Como todo buen niño, desde pequeño ya saboreaba el vino tinto que su padre, ya fallecido, preparaba. Mi papá siempre hacía vino tinto, y me acuerdo que le robaba unas botellitas que guardaba con celosa actitud, pues lo quería para él.
Recuerdo, que antes, se hacía el vino en tinas de cuero y las tapaba con otro cuero, pero se le sacaba por abajo, y de ahí, pues yo le exprimía algo para disfrutarlo.
Yo comencé desde pequeño con la cría de vacas, y las traía a pastar a este predio donde se alimentaban de la maleza existente. Y tras fallecer mis padres y mis tías, pues tuve que trabajar los predios para seguir produciendo uva y vino de mesa.
En el predio, donde se llevó a cabo la entrevista, Don Olegario nos explicaba que ignora cuántas plantas de parra tiene cultivadas. Nunca las he contado, pero si tengo muchas, pues de ellas, el año antepasado obtuve 7 barricas de 200 litros cada una de vino tinto, y se vendió todo. Aquí a San Miguel, cuando hay vino de mesa,                                             
la gente llega, se toma sus copitas, trae sus botellas o sus galones cerrados, los lleva llenos y se van contentos, porque saben exactamente las fechas cuando deben de venir.
Para darnos una idea de esas fechas “importantes” tanto para Don Olegario como para los que gustan de su vino tinto, nos explica que la uva, cuando ya está lista para cortarla, dependiendo de un buen sol para que se termine de madurar, se muele y se procede a su fermentación. Esas fechas regularmente son a fines de agosto, entre el 25 y el 30 de ese mes. Y la fermentación en barricas (toneles de plástico) tarda un promedio de dos meses, por lo que a inicios de noviembre, está listo para tomarlo.
Una vez cortada la uva negra, esta se pone a asolear para que agarre más color y madure. Ya que esta lista, se pasa el proceso de “pisado” en una tina de cuero con pequeños orificios, por donde va escurriendo el jugo de uva, la cual cae en depósitos que después van a parar a las barricas. En la tina de cuero -dice que para el próximo proceso contratará unas bellas chicas para “pisar” o exprimir las uvas con sus pies-, se saca el “orujo” o el mosto como se le llama a la cáscara de la uva, la cual también se fermenta para obtener de ella el colorante necesario que se le pondrá a cada barrica para que el vino vaya tomando su color oscuro.
Una vez que se complemento esto y aplica el mosto a cada barrica, se espera el tiempo necesario hasta que el jugo de uva haya concluido su proceso de fermentación, entonces procede a taparlo, y de ahí, hasta que se va a tomar, lo cual dura dos meses, dependiendo de cuándo esté listo.
De las ganancias que ha obtenido por la venta de este vino misional que sumado a otras actividades, le da, dice, para sostener a su familia
Sin embargo, Don Olegario Murillo, quien desde pequeño se ha dedicado a esta actividad, señala que le hacen falta apoyos, y que está cansado de las promesas de los políticos.
Él desea seguir trabajando y produciendo este vino misional, auténticamente orgánico, porque reafirma, no utiliza insecticidas y solo abona las plantas con excremento que le genera un pequeño hato ganadero, el cual se alimenta del follaje que crece en su huerto y que lo apoya con otro tipo de alimento para que produzcan además leche, queso fresco.
Luego de participar en las reuniones y talleres que ha organizado el gobierno del Estado en esta población como en San José de Comondú, afirma que Marcos Covarrubias es un hombre de palabra, que respeta al ranchero sudcaliforniano y espera que el Programa Oasis que aquí echó a andar, le de la respuesta a sus requerimientos para tener un sistema eficiente de riego en las parras, de donde obtiene la uva para hacer su vino de mesa.
“Lo importante es que el gobernador nos apoye en cada una de las huertas de este oasis para hacerlas producir como antaño, para que estos pueblos vuelvan a ser lo que eran, emprendedores, trabajadores, productivos y generadores de riqueza”.
Confiamos y creemos en Marcos -Covarrubias Villaseñor-, porque aquí no hay dinero, pero si todos sembramos y producimos, aprovecharemos la carretera que se esta construyendo -desde Zaragoza hasta acá-, para poder sacar nuestros productos y comercializarlos en Constitución, Loreto y hasta en La Paz.
Nostálgico, Don Olegario nos afirma que antes la producción tanto de uva como de vino y otros frutos que se producen en este oasis sudcaliforniano, rendía y se mantenían todas las familias. Pero todo eso se fue al olvido, se dejó de sembrar y cuidar los huertos porque no había manera de cómo sacarlos de aquí y llevarlos a los mercados más cercanos como son Constitución y Loreto. Se dejó esta actividad por la falta de transporte y de una carretera”, pero parece que ahora el Gobernador ha entendido y nos está respondiendo. La carretera se está construyendo, y ya vendrá lo demás, sostuvo un Olegario confiado y esperanzado en que esta administración estatal, por fin se acuerde de que San José y San Miguel, también forman parte de Baja California Sur.
Don Olegario Murillo lanzó un reto a expertos y especialistas en vinos de mesa, al reafirmar que este, es 100 por ciento orgánico. Queremos que se sepa, y si quieren que lo analicen y verifiquen, porque aquí, decimos la verdad, ya que solo utilizamos de fertilizante la caca de va y de chiva y agua del oasis.
Pero también hace un llamado a las autoridades agropecuarias que convergen en este Programa Oasis: todos los frutos que aquí se producen al igual que el vino tinto, se vende y es aceptado por su calidad. En mi caso, requiero de envases apropiados para embotellar el vino. Aquí batallamos por la falta de botellas adecuadas, del corcho para taparlas. Es cierto, aquí reciclamos las botellas de vino, las lavamos bien junto con su tapón, pero la gente que conoce este vino, trae hasta galones ya preparados y con un buen tapón, porque saben de la calidad del producto, pero se nos facilitaría la comercialización a una mayor escala, si contáramos con esos productos.