Vistas a la página totales

lunes, 4 de abril de 2011

En un rincón del alma

La Paz Baja California Sur a 04 de Abril de 2011

En un rincón del alma
Por: Salvador Castro Iglesias
Correo electrónico: salcasis@yahoo.com.mx

            Hoy recordé aquella canción de Alberto Cortés que fue muy famosa allá por los años 70tas. que de inicio decía “En un rincón del alma, donde tengo la pena, que el tiempo no borró…”

            Y se me vino a la mente todas aquellas penas que vamos juntando a lo largo de nuestra vida, un buen día amanecen con nosotros y hacen un poco más lento nuestro peregrinar por estos caminos de Dios.

            En ese rincón de mi alma tengo algunas penas que quiero compartir con ustedes, tal vez a modo de expiación o simplemente como una catarsis y eso haga un poco menos pesado mi andar.

            La pena de no haber sido el mejor padre del mundo y que a modo de reclamo me hacen ver mis hijas (no todas gracias a Dios).

            La pena de no haber amado hasta la locura a las mujeres que en un arrebato de amor y pasión sin medida, tomaron la decisión de caminar junto a mi durante un breve espacio de tiempo, y  por lo mismo (esa falta de locura) terminamos un día de tantos, sin gritos externos pero con esa pena que el tiempo no borró.

            Esa pena me corroe el alma al no haber podido compartir con mi padre esos sentimientos que todo joven y niño quisiera externarle y no fue por la distancia y mil cosas más que mejor me las reservo para no enturbiar su memoria.

            La pena de no poder acompañar más tiempo a mi madre Graciela y poder disfrutar sus ricas tazas de café por las mañanas y escuchar todos y cada uno de sus consejos, así como sus lamentos por los dolores que se le acumularon también en sus rincones del alma y que hoy a sus 70 años, la aquejan y en un intento por no externarlos solo vislumbro esa queja callada que se refleja en sus lindos y sabios ojos.

            La pena de no poder estar más cerca de esa chica llamada Gloria que vive muy muy lejos y que a pesar de todas las penas que también la embargan, se aferra a esa pasión y a la esperanza de ver un nuevo y bello día cada día.

            ¿Cómo podrá borrar el tiempo las penas que se quedaron alojadas en mi alma sin ser invitadas, y salen cuando menos quiero recordarlas?, no lo sé en verdad, algún día llegará la sanación y tal vez pueda contarles como me fue.

            En un rincón del alma, tengo la pena de ver como mi amado País se va a un gran hoyo negro y nos quedamos viendo como se hunde, como aquellos barcos de papel que hacíamos en la escuela y que solo flotaban un breve tiempo hasta que las aguas lo reclamaban.

            Esa pena que siento por todos los Mexicanos sin distingo de clase social, cultural, política ni religiosa que se mueren todos los días víctimas de la violencia y la barbarie cometida contra ellos, por otros Mexicanos a los que la vida les importa muy poco.

            Me embarga la pena el saber que en otro lado del mundo, miles de hermanos Japoneses se están muriendo o ya murieron víctimas inocentes de las aguas producto de un tsunami, un terremoto y ahora las fugas radioactivas sin que podamos hacer nada por ellos.
            Que pena en verdad, ver como los seres humanos atentamos contra nuestra madre tierra, nuestros propios hermanos, los animales, la naturaleza y todo lo que se nos ponga enfrente, solo por dinero y el poder efímero que se queda al morir también nosotros.

            Pena grande y profunda al escuchar una y otra vez que ahora sí, todo será mejor para los habitantes de este pedazo del mundo llamado Sudcalifornia, mientras los que se van rapiñaron a más no poder, y con una sonrisa burlona en la boca, se retiran sabiendo que la impunidad será su fiel compañera como lo fue durante su mandato.

            Pena saber que hoy y mañana saldré al mundo buscando hacer las cosas de mejor manera pero sabiendo en el fondo que difícilmente lo podré encontrar, y que la intolerancia, la vulgaridad, la crítica malsana, el odio y envidia disfrazados de amistad, estarán presentes para que así pueda yo acumular otras penas.

            Estas son algunas de las penas que hoy como dije al comienzo de estas líneas, están ahí y hago un  gran esfuerzo para seguir a pesar de ellas, creyendo que todo puede cambiar y en un momento de reflexión sanarlas mirando de frente ese camino que he caminado y que espero mis descendientes no tengan que transitar durante sus vidas.

            Desde este humilde espacio, les envío un afectuoso saludo y les deseo que pronto todos podamos sanar nuestras penas y llevar mejores vidas.

            Nos leemos más adelante …