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miércoles, 13 de abril de 2011

COMUNICACIÓN

Por: Graciela Iglesias Limiñana

La comunicación es la interacción de las personas que entran en ella como sujetos. No sólo se trata del influjo de un sujeto en otro, sino de la interacción. Para la comunicación se necesitan como mínimo dos personas, cada una de las cuales actúa como sujeto.
      En días pasados, estando en una reunión de familiares y amigos, en plena conversación me di cuenta de que la única que conversaba era yo, (o sea,  yo, conmigo misma) 
      ¿Que originó esta situación? Aunque ustedes no lo crean: los maravillosos celulares, pues de pronto, la mayoría de los presentes, estaban total y absolutamente “ocupados” en enviar mensajes a alguien. En comunicación, esto se considera una gran falta de educación, cuando estamos en compañía de otra personas”
      Entonces: nadie entendía lo que yo estaba diciendo y en realidad, tampoco  creo que les haya importado. Y en ese preciso momento me vino a la memoria la historia de La Torre de Babel:
       No tenía entonces la tierra más que un solo lenguaje y unas mismas palabras Pero sucedió que al desplazarse los pueblos hacia oriente hallaron una vega en tierra de Sennaar, donde hicieron asiento.
       Y se dijeron unos a otros: Vengan, hagamos ladrillos, y los cocieron con fuego. Después decidieron construir una ciudad, y en la ciudad, una torre cuya cima llegara hasta el cielo. Con ella nos haremos famosos- se dijeron.
       Fabricaron ladrillos, y probaron a cocerlos al fuego. De esta manera consiguieron tener un material como las duras piedras. Y empezaron a edificar utilizando la brea como cemento. A medida que avanzaba la obra surgían planes distintos sobre el modo de hacerla, y eran frecuentes las discusiones entre los jefes y los obreros.
 Dios vio que era orgullo y vanidad lo que impulsaba a aquella gente a realizar tan gran construcción, y decidió humillarlos en su ridícula pretensión.
      Todos hablaban la misma lengua. Y Dios dijo: Voy a confundir su lenguaje para que no se entiendan unos con otros. Y así sucedió. Todo era confusión, malos entendidos y desorganización. No encontraban la manera de ponerse de acuerdo. Génesis11
       Y seguimos sin ponernos de acuerdo.
      O sea, la soberbia de nueva cuenta. Creemos que realmente con nuestras creaciones somos el centro del universo. Los celulares, cada día son más sofisticados, las computadoras, en dos días, ya tienen nuevos programas, y así, los avances tecnológicos nos convencen de lo poderosos que podemos llegar a ser, si compramos lo último.
       Esto, es soberbia y vanidad, pues ningún ser humano de bajos recursos que, por supuesto, no tiene acceso a estas novedades, tiene menos valor que los que si pueden adquirirlos. Lo que si es posible, es que tengan mucha más comunicación con sus semejantes.
       Es cierto que ahora en internet, nos podemos escribir, pero siempre estamos con la sensación de concluir la conversación lo mas rápido posible, porque igual, la otra persona, se “desconecta “(¡¡Eso, ahora nos conectamos a una máquina!!) 
      Y resulta que la famosa conversación se queda a medias, y sin contar lo difícil que para muchos de nosotros es  entender los códigos que usan los jóvenes.
      Si, ya se que puedo sonar  “un poco” ruca, pero bendito sea Dios  todavía me toco vivir en una época en que la forma de expresarnos era usando TODAS las letras del abecedario, con las cuales se nos enseñó a formar oraciones que llevaban con claridad, un mensaje para alguien.
      Quiero aclarar que no  es mi deseo convencer a nadie, de lo negativo que es según mi punto de vista, usar solamente el celular, el internet, la televisión, o aún el mismo teléfono para comunicarnos.
      Pero ¿En realidad  sentimos los beneficios a nivel de  emoción humana con  esta forma de relacionarnos? Yo pienso que nada sustituye el trato personal, sobre todo cuando se trata de hablar con amigos o familiares queridos.
      Indiscutiblemente, la tecnología es una maravilla cuando las personas que amamos están en un lugar distante, pero yo no considero que en nuestra ciudad, no podemos disponer de un día a la semana, cada quince días o al mes, para visitarnos.
      Se nos ha olvidado lo maravilloso de la conversación con los que nos rodean, es impresionante ver que por ejemplo, el correo casi se considera algo de la edad de piedra, cuando en realidad, durante muchos años y no tan lejanos, esperar al cartero, el cual se convertía en un gran amigo, provocaba una bellísima emoción, ya que al recibir una carta escrita con calma y afecto, lograba transmitirnos  el sentimiento de quién la escribía.
 Las descripciones de las personas, lugares y situaciones en las que transcurría su vida, realmente nos llegaban.  
      Recuerdo las noticias de mi familia, que estaba en Europa, durante la segunda guerra mundial, (a pesar de ser muy pequeña, tres o cuatro  años), por la sencilla razón de que todas las vivencias eran narradas en cartas, por mis abuelos y tíos y hasta la fecha, no es posible olvidar el sentimiento de profunda tristeza que transmitían. Y también de  gran felicidad el día que la guerra llegó a su fin.
      Lo más curioso, es que muchas personas amigas de la familia, se reunían para conocer estos relatos, y seguir a través de un mapa los avances de los ejércitos por toda Europa. Esto provocaba un sentimiento de unidad y de calor humano que difícilmente se olvida. 
      Además, estaba la radio en la cual una persona de viva voz, transmitía los acontecimientos. Quizás si en estos tiempos, existieran personas capaces  de contar todos los actos de violencia que día a día ocurren en nuestro planeta, sin amarillísimos y sin afán de vender nada, las cosas no se hubieran salido de control.
     Cuando yo llegué a vivir a esta queridísima tierra, me causó una gran impresión, muy favorable por cierto, ver cómo las familias y los amigos se reunían en las banquetas en la tarde, a tomar café y a conversar. Eso, a mi entender, era vivir rodeado de gente que se apreciaba, seguramente ellos difícilmente  se sentían solos.
      He comentado en varias ocasiones, que las puertas de las casas no se cerraban con llave. ¡¡¡ Por supuesto!!! Si los vecinos estaban pendientes.
      Definitivamente, eran gente sabia, ¿Vale la pena retomar aunque sea un poco de todo esto? Yo definitivamente, creo que si y podemos robarle un poco de tiempo a la televisión para dedicarlo a la convivencia.
      Espero que estos puntos de vista, no ofendan a nadie pero hay ocasiones en las que hacemos un alto en el camino y pensamos que si todos pusiéramos un granito de arena tratando de comprender lo bello que es el ser humano, este mundo sería mucho más agradable, y para ello, definitivamente, es necesaria la comunicación y el respeto.
      Les deseo unas bellísimas vacaciones en compañía de sus seres queridos.
 Respeto es la capacidad de aceptar a todo lo que posea vida, a toda nuestra diversidad a la cual pertenecemos. (Anónimo)