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viernes, 25 de marzo de 2011

El gnomo del bosque

Por:
Graciela Iglesias Limiñana
En mi infancia y adolescencia, mi fascinación por la lectura me llevó a países llenos de magia y fantasía. Las novelas de aventuras me mantenían ocupada horas enteras en viajes imaginarios a lugares en los que había perlas, sedas hermosas, oro, playas de arenas blancas, barcos que llegaban de países remotos cargados de objetos de marfil, ébano y perfumes exóticos, gente amable que vivían felices sin codiciar el poder, no lo necesitaban, tenían a su alcance todo lo necesario para ser felices.
Todo esto me parecía fascinante y realmente imposible de creer que un lugar así pudiera existir y mucho menos que yo pudiera algún día llegar a conocerlo y disfrutarlo.
Pero la vida nos tiene muchas sorpresas. Un buen día, mis padres son invitados a venir a La Paz a hacer una inversión y se enamoran de este lugar, yo empecé entonces a ver cuando regresaban de sus viajes, algunos de los objetos que a través de mis lecturas conocía.
Y lo más increíble, por lo que ellos contaban, la gente realmente vivía tranquila y feliz. Por fin, se realizó mi sueño: iba a conocer La Paz.
Cuando después de casi seis horas de vuelo y dos cambios de aviones llegué al aeropuerto, sentí en mi interior algo que me hizo sentir que por fin estaba en mi casa, yo se que suena absurdo, pues mis padres eran españoles y yo nací en Distrito Federal, pero a mis trece años de edad, esto no tenía gran importancia, lo realmente importante es que empezaba a vivir mi propia aventura.
Al día siguiente las amistades que nos habían invitado nos llevaron a pescar. Y ahí estaban las arenas blancas, el mar transparente, los peces de colores, los lobos marinos, las palmeras, en fin todo aquello que yo pensé que solamente era parte de de las novelas.
Pero no estaba ni remotamente preparada para lo que me esperaba: al regresar, en la tarde a La Paz, el sol se estaba poniendo y su luz se reflejaba en el antiguo Hotel Perla y las construcciones que había en el malecón, creo, que si en algún momento me llegó con fuerza el amor por esta hermosa tierra, fue precisamente ese, y también fue cuando decidí que era el único lugar en el que quería vivir.
Después regrese México a terminar mis estudios y posteriormente, viajé a Europa, Dakar y Brasil, estos viajes los menciono simplemente como referencia de que tuve oportunidad de vivir en países que también son hermosos y tienen bellezas impresionantes. Sin embargo, mis padres regresaron a La Paz, para atender los negocios recién iniciados y yo, al poco tiempo, también vine a radicar aquí.
Y a partir de esa fecha (hace cincuenta y cinco años ya) nunca pensé en vivir en otro sitio. En esa época había, perlas, objetos de marfil sedas, perfumas, oro, barcos que venían del extranjero y si, la gente era muy feliz tenían todo lo que deseaban y necesitaban (tal como en las narraciones de mis libros) y definitivamente, no era el ansia del poder o de ser dueños de las playas y el paisaje, lo importante era el respeto, el gusto por la buena música, la convivencia con la gente y sobre todo: cuidar el aspecto de la ciudad.
Debemos recordar que por muchos años La Paz, se reconoció a nivel nacional por la limpieza de sus playas y calles, hasta que empezó a llegar el famoso “progreso” el cual definitivamente es bueno, pero que en algún momento se nos salió de control y ahora, nos está ahogando a muchos de los que conocimos, como dice Francisco Aramburo: “La Paz de ayer.”
Decía un slogan de Aeroméxico (entonces se llamaba Aeronaves de México) La Paz, la ciudad donde ni el mar hace ruido.
Hay una canción de Cri Cri que narra la historia de un gnomo, que un buen día decide que el bosque es de su propiedad y empieza a apropiarse de todo lo que encuentra a su paso, con el solo hecho de decir: esto es mío. Por supuesto, que a los habitantes del bosque, no les importó la opinión del señor gnomo, y siguieron viviendo y disfrutando del lugar que les pertenecía, sin permitir que él impusiera su voluntad.
Esta historia me ha puesto pensar en la cantidad de gnomos que actualmente, viven entre nosotros y que por desgracia, no son personajes de un cuento, son reales pero sus actitudes sí se parecen a las del personaje de esta historia: un buen día deciden que La Paz, Cabo San Lucas y casi todo el Estado les pertenece y por lo tanto se sienten con todo el derecho de venderlo, cercarlo y transformarlo no importando la opinión de los habitantes de este “bosque”.
¿Será que no podemos, si nos unimos realmente, todos los que tenemos la suerte de vivir en este privilegiado lugar hacer algo, para rescatar las bellezas que aún sobreviven a esta guerra de poder? No es posible que unos pocos tengan más fuerza que todo un pueblo realmente unido buscando defender lo que por derecho nos corresponde.
Se dice que el calla otorga y si no hacemos que nuestras voces se escuchen fuera de los pequeños grupos que formamos en los cafés y reuniones de amigos, las cosas ven a seguir exactamente igual o peor. Es hora de demostrar cuanto amamos a nuestra tierra. ¿No están de acuerdo?